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El alzamiento del ´Dragon Rapide´

Mañana se cumplen 75 años del vuelo que llevó a Franco desde la base de Gando a Marruecos, considerado el acto inaugural de la Guerra Civil

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Comida de Franco, en Tenerife, con las guarniciones canarias en julio de 1936.
Comida de Franco, en Tenerife, con las guarniciones canarias en julio de 1936.  LP

ALEJANDRO ZABALETA - LAS PALMAS DE GRAN CANARIA
El 18 de julio de 1936 alza el vuelo en el aeródromo de Gando el Dragon Rapide, nombre que será de escalofrío o laurel, de hielo en la sangre o cruzada. En su interior, junto al piloto y el mecánico, Bebb y Bryers, viaja el comandante general de las Islas Canarias, calculador y hermético, Francisco Franco. La aeronave se dirige a a Tetuán, para que Franco se ponga al frente de las fuerzas del ejército de África como uno de los cabecillas de la sublevación militar que ese mismo día desafía insolente a la legítima II República.

Quien viaja en el Dragon Rapide no es precisamente el actor principal en la función del alzamiento. Otros militares sublevados hay, como Sanjurjo o Mola, que podrían con más méritos encabezar el cartel. Pero el golpe de estado devendrá guerra civil, y ésa va a ser la guerra de Franco. Así, cuando tres años después el conflicto armado toque a su fin, con España abierta en canal, nadie dudará de la primacía del ferrolano, ya generalísimo de todos los ejércitos. En la épica de su victoria, la alada travesía del 18 de julio se agrandará hasta quedar convertida en mito fundacional de una gesta. Mañana se cumplen 75 años de aquel controvertido vuelo.

Destejer la niebla que tejieron los relatos legendarios del franquismo no es tarea fácil aun hoy. Los acontecimientos inmediatamente previos y posteriores al trayecto del Dragon Rapide siguen siendo una cuestión no pacífica entre los historiadores, como demuestran las polémicas que desata cada nueva aportación bibliográfica que se adentra en ellos.

Una de las más recientes, la documentada La conspiración del general Franco, de Ángel Viñas, reconstruye con fervor y detalle microscópico lo ocurrido en aquellas vísperas, para acabar extrayendo conclusiones reveladoras.

Para Viñas, los movimientos de Franco previos al vuelo hacia Marruecos hay que interpretarlos desde la obsesión del militar por dejar a Canarias pacificada, obsesión que lo llevó a salir desde Gran Canaria y no desde Tenerife, donde residía como comandante general. "La guarnición de Tenerife le es adicta, pero no está nada claro que eso mismo ocurriera en Las Palmas. Después, una vez que se proclamó el golpe, hubo unanimidad, claro. Pero antes Franco tiene la idea de que la cosa de Las Palmas no está clara, y él se tiene que marchar hasta allí desde Tenerife", explica.

El Dragon Rapide había sido alquilado en Inglaterra gracias al dinero de Juan March, capitalista de cabecera de los sublevados, que luego le devolverían ampliamente los favores durante la larga noche de la dictadura. Según Viñas, Franco ya había pedido el avión desde el 15 de junio, lo que invalidaría la teoría de que el golpe de estado surgió como contestación refleja al asesinato de Calvo Sotelo, consumado casi un mes después. Tras las gestiones oportunas, el vuelo llegó a Gran Canaria el 14 o 15 de julio, dependiendo de los historiadores, que en este punto tampoco se ponen de acuerdo.

¿Dónde debía esperar el avión a Franco? "Puede ir a Gando o a Los Rodeos, pero él no quiere que le vayan a buscar a Los Rodeos, donde podía haber aterrizado perfectamente a pesar de las excusas que se han dado, alegando que había niebla u otros camelos", continúa Viñas.

El caso es que el 18 de julio el biplano y el militar van a coincidir en Gran Canaria, listos para emprender el vuelo crucial. Franco había llegado un día antes con su mujer e hija para asistir a los funerales del general Balmes, responsable militar de esta isla, que había fallecido oficialmente a causa de un accidente con su arma. Viñas sostiene, no sin contestación, que a Balmes lo hizo matar Franco porque no se mostraba dócil a los intereses de los sublevados. "Decidió cargarse a Balmes porque era un militar obediente al poder establecido, no pensaba en sublevarse".

Sea como fuere, al día siguiente del funeral, y con el estamento militar grancanario bajo control, Franco se dirige con calma hacia Gando. Mola, desde Navarra, lo apremiaba, pero él, como tantas otras veces, prefirió cauteloso apurar los tiempos, "cerciorarse de que el golpe en Marruecos iba adelante", dice Viñas. Cuando emprenda vuelo, las cartas estarán echadas y ya no habrá vuelta atrás para este país.

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