50º Aniversario de Maspalomas Costa Canaria

Visionarios del sur: sueños para el turismo

Maspalomas celebra el medio siglo de su 'boom' turístico: un logro desarrollado atendiendo en parte al imaginario de escritores o arquitectos que se anticiparon a su tiempo con su visión del negocio alojativo

 16:15  
El sur antes del boom turístico: un oasis en el Faro.
El sur antes del boom turístico: un oasis en el Faro. LP/DLP
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A. OJEDA Tenéis que hacer que los que partan al otro mundo se detengan aquí a reparar sus fuerzas. Para ello id creando un clima moral, no el otro, y ya veréis cómo vendrán a estas tierras los que tengan tisis en el alma, y no en el cuerpo". Miguel de Unamuno definió en su discurso, pronunciado en el año en 1910 en el Teatro Pérez Galdós, en Las Palmas de Gran Canaria, uno de los principios bajo los que se ha sustentado la industria turística en el siglo siguiente: el concepto del esparcimiento como atractivo de las Islas Canarias. Un gancho que Maspalomas ha sabido aprovechar en los últimos cincuenta años para atraer a millones de visitantes, también cautivados por los climas a los que aludió el filósofo: el sol que hace valer las playas del Sur y el ambiente de asueto y diversión generado en su entorno.

El medio siglo de Maspalomas Costa Canaria, que ahora se celebra, ha confirmado muchas de las expectativas de aquellos primeros visionarios del turismo, que aventuraron una economía y una sociedad sustentadas a su alrededor. Hasta los años sesenta, Canarias albergó primero posadas y luego hoteles para viajeros de paso, y desarrolló el concepto del Sanatorium como reclamo para un turista de la salud. El disfrute de las aguas medicinales de La Orotava o Las Palmas de Gran Canaria (el hotel Santa Catalina) dio paso a otro diseño del sector que, en buena medida, inspiró la explotación del Sur grancanario en lo sucesivo. Algunos comenzaron a verlo claro desde comienzos del siglo XX.

Así, también en 1910, el periodista Francisco González Díaz, articulista en el Diario de Las Palmas, publicaba el libro Cultura y Turismo, una de las primeras obras en vincular ambos conceptos. González Díaz ya desvelaba lo que sería uno de los principales activos de Maspalomas en el sector. "El clima de Canarias por sí solo tiene una fuerza de atracción en su dulzura, en su benignidad celebérrima, superior a todas las deficiencias y desventajas que más de una vez hemos lamentado", afirmó convencido.

Crítico con la sociedad en la que le tocó vivir ("la cultura en Gran Canaria es una aspiración, no una realidad concreta y persistente"), el periodista ya dejó constancia de que "el turismo es, según un juicio en el que todos absolutamente coinciden, la primera de las fuentes de riqueza que tenemos a nuestro alcance". Algo que no le impidió cuestionar la capacidad de la isla de Gran Canaria para aprovechar su potencial. De este modo, preguntó: "¿Bastará el clima sin las añadiduras de otros alicientes para fijar y seguir multiplicando la concurrencia de viajeros a nuestras tierras solares durante los meses fríos?".

Los visionarios del turismo habrían de reparar de forma concreta en años venideros. Néstor Martín Fernández de la Torre lo hizo a mediados de los años treinta, cuando abordó en términos globales el tipismo canario, tal como recoge la obra de Pedro Almeida Cabrera Néstor: tipismo y regionalismo. "Mirando el porvenir, hemos de tener e cuenta la formidable playa de Maspalomas", advirtió el pintor y artista multifacético. "Quizás sea prematuro pensar ahora en ella", escribió, "pero por lo menos evitemos que se haga nada que pueda convertirse en obstáculo para que las generaciones que nos sucedan lleven a cabo proyectos que en un futuro más inmediato les aconsejen las realidades del momento".

Néstor, como otros, planteó algunas cuestiones importantes para diseñar una industria adecuada en las Islas. Encrucijadas de futuro que aún hoy se abordan para tratar de mejorar el destino en el que se ha convertido el Sur grancanario. "No concibamos las cosas en pequeño, sino en grande", apuntó con perspectiva histórica, y "con la vista en el porvenir, aunque los espíritus materialistas pudieran asustarse y calificarnos de irrealistas".

Néstor, que además fundó el Sindicato de Iniciativas Turísticas de Gran Canaria, se preocupó por las intervenciones en inmuebles singulares, como foco del atractivo turístico (desde el albergue de la Cruz de Tejeda hasta el hotel Santa Catalina), preocupado por "hacer patria". Pero también sentó las bases para futuras campañas de comunicación que han vendido Maspalomas y Canarias por el mundo, con considerable éxito. "Islas Afortunadas, Jardín de las Hespérides, Campos Elíseos...", recapitulaba, "tales fueron los nombres que los antiguos asignaron a Canarias atribuyéndole condiciones paradisiacas. ¿Será acaso imposible reconquistar esta fama? No lo creo".

El canto final del pintor resultó ser un legado perecedero, que ha definido a Canarias en el exterior durante muchas décadas. Aunque el futuro sería, sobre todo, de los arquitectos. Los profesionales de la gestión urbanística del espacio habrían de teorizar sobre la ocupación en Maspalomas, que ofrecía suelo más que suficiente para planificar con libertad, y siempre con el objetivo de aprovechar el tráfico de viajeros inminente.

En la década de los cincuenta esta era una preocupación que comenzaron a compartir los poderes públicos.

Con los terrenos (propiedad de Alejandro del Castillo y Castillo, conde de la Vega Grande) a punto para ser reconcebidos, y con la voluntad institucional de impulsar el cambio (con Matías Vega Guerra en la presidencia del Cabildo de Gran Canaria), se dio cabida a alguno de estos visionarios.

En 1952 llegaría al Sur el arquitecto catalán Nicolás María Rubió Tudurí, para asumir el proyecto de urbanización turística de Maspalomas, por encargo del Cabildo grancanario, tal como recoge Flora Pescador en su obra Viaje a través del patio.

Rubió Tudurí devolvió a la institución insular un proyecto de actuación en 1953. Antes, el paisajista, arquitecto de jardines y apasionado de África, realizó una visita fugaz a Maspalomas, para quedar fascinado por "sus dunas, su oasis, su vasto silencio, cierto misterio en el aire, la expectación de lo incógnito y de la aventura". Desde esta visión, planteó "una tentativa paisajista" como intervención en el Sur, y, como él mismo definió, "con criterio jardinero". Su urbanización biológica nunca llegó a realizarse, pero abrió infinitas posibilidades a la hora de concebir todo lo que podía ser el Sur grancanario, algo a lo que todavía hoy se le da vueltas desde las instituciones, para garantizar la pujanza del sector en años venideros.

Otro arquitecto llegó de Madrid para plasmar su propia idea de una actuación apropiada para el negocio incipiente. Manuel de la Peña dejó constancia de su visión urbanística en una ponencia durante la I Asamblea Provincial de Municipios Turísticos, celebrada en Gran Canaria, y que recopila el comisario de Maspalomas Costa Canaria y periodista especializado en el sector, Míchel Jorge Millares, en su blog Islas Bienaventuradas.

De la Peña resumió su planteamiento en el discurso Gestión urbanística con fines turísticos. Algunos de sus preceptos eran seguidos casi de forma simultánea en Maspalomas en esos años sesenta, y se han demostrado más que válidos para poder desarrollar con éxito una explotación turística a gran escala.

De este modo, el arquitecto subrayó que "la zona turística se crea insustituiblemente a partir de una autopista", visión preclara para el Sur. Además, añadió otro mandato inexcusable: "Cercano a la costa de mayor receptividad de bañistas, instalar los núcleos de apartamentos". Algo que define Playa del Inglés.

La clarividencia de Manuel de la Peña se extendía aún a Maspalomas, al recomendar "particularmente en las zonas de costa menos receptivas", ubicar "los hoteles y grandes villas, adecuando las zonas deportivas y de esparcimiento de gran atractivo paisajístico, con lo que se llega a un aprovechamiento exhaustivo y ordenado de los recursos naturales". El urbanista también apuntó como añadidos plenamente recomendables los centros de diversión y las zonas verdes, una preocupación que expresó durante su carrera. De hecho, "la mayor" que debía tener un arquitecto, para "no desvirtuar el paisaje, y primordialmente no alterarlo, sino en lo imprescindible en la franja costera".

Aquellos visionarios a menudo alcanzaron un poder retroactivo en su discurso: el de despertar la mirada crítica de quien les lee hoy, y conoce la evolución del sector turístico en la Isla, y las zonas donde se instalaron sus mayores complejos. Además de recordar algunas cuestiones que se siguen planteando para conseguir un desarrollo económico sostenible.

El recorrido por los iluminados de la teoría turística debe, cuando menos, aludir a la obra del artista lanzaroteño César Manrique, cuyo nombre honra una calle en Maspalomas, dominada por los bungalows. Millares, hoy implicado con el cincuentenario del boom turístico de Maspalomas, define a Manrique y Néstor como "los mayores visionarios" que ha tenido el turismo en Canarias, "definían otro producto diferente, distinto a todos los demás".
Otras voces con espíritu crítico siguen siendo evocadas, como el propio Francisco González Díaz, revisitadas en las columnas de opinión de José Antonio Godoy, publicadas por LA PROVINCIA/DLP con motivo de la efémeride que celebra Maspalomas. Más ensoñaciones y caminos posibles para la industria en el extremo turístico grancanario, además, han quedado plasmados en publicaciones como Canarias Turista (en la segunda década del siglo XX), Isla (entre las décadas de los cuarenta y los setenta) o Costa Canaria (en los años setenta de plena explosión turística). Diarios, al fin y al cabo, de la imaginación puesta al servicio del Turismo.

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