Los datos son elocuentes: Canarias es la puerta sur de Europa, y sus estándares sanitarios y de salud pública están a la altura de los más avanzados de la UE, aunque no siempre estén en el lugar de atención la política y prioridad presupuestaria que sería deseable. Pero esto también ocurre con algunos países 'de cabecera'. El Reino Unido puede ser un ejemplo, para seguir el consejo que se deduce de su experiencia reciente. Si su sanidad era la mejor de Europa, y pionera en muchos aspectos, ahora, una política en principio excesivamente liberal-privatizadora, y luego, zigzagueante, ha provocado un derrumbe parcial. No hay suficientes médicos y, sobre todo, enfermeras; y las listas de espera han aumentado más allá de lo que era razonable en su sistema. Y la antigüedad de los hospitales ha creado serios problemas que de vez en cuando estallan en forma de clamorosos desastres en los medios de comunicación. En ese panorama, Canarias puede ofrecer soluciones atractivas, tanto para los pacientes 'privados' como para las administraciones. Turistas que han sido atendidos en la sanidad pública o en la privada de dolencias repentinas han dejado constancia de su 'asombro' y su satisfacción por la atención esmerada que han recibido.