El profesor de historia frustrado

El presidente de Satocan es un empresario al que respetan hasta los académicos por sus conocimientos de historia y antropología

 

VICENTE GUERRA Juan Miguel Sanjuán y Jover (Monesterio, Badajoz, 1945) devora libros de historia moderna, no contemporánea, de liberalismo y de antropología, un cóctel demasiado explosivo si no se maneja desde esa serena sabiduría que da la edad. La última obra caída en sus manos es Crónica de un liberal, de Luis Racionero. De tal forma que Sanjuán se reconoce a sí mismo como un "profesor de historia frustrado", un liberal en estado puro y un darwinista, pero ojo, estamos hablando más bien de un adaptacionista en lo económico, nada que ver con el darwinismo social con el que coquetean peligrosamente algunos seudoliberales de última hora.

Sanjuán es presidente de Satocan, un grupo en origen constructor, en la actualidad ampliamente diversificado y con presencia en más de una docena de actividades, desde el transporte aéreo a la sanidad, desde el turismo de esquí a la industria alimentaria. Su producción anual supera los 220 millones de euros, una categoría que, junto al éxito y experiencia en el mundo de los negocios que tiene su fundador o su carácter abierto y próximo le permiten figurar como una estrella única entre los pata negra del empresariado isleño.

No hay think tank en el que no figure este hombre de 66 años, desde la Asociación para el Progreso de la Dirección (APD) al Círculo de Empresarios, el tanque de los tanques del pensamiento grancanario. Él lo presidió durante casi cuatro años. Allí por donde ha pasado dejó siempre un poso de reconocimiento humano e intelectual, se esté con él o contra lo que dice. Algunos académicos admiran en él su interés y voracidad por el conocimiento antropológico y por la historia. Por cierto, no es un empresario que suela callarse, de ahí que los periodistas le tengan un afecto interesado.

Sanjuán está de moda por vía indirecta. Desde que su socio Demetrio Carceller se gastó cien millones de euros para llevar la participación sindicada de ambos hasta el 15,7 % de Sacyr, colocándose como primeros accionistas de la constructora, el empresario grancanario hace intentos por sacudirse el papel que se le ha adjudicado como portavoz de la distribuidora petrolera. El presidente de Satocan recuerda a quien quiera oírle que él está en Sacyr desde el origen de los tiempos y que en su ánimo, y cree él que en el de Disa, no está "la pelea ni la lucha de poder".

Es ingeniero de caminos, diplomado en Económicas, máster en Dirección de Empresas por el IESE y la Fundación Bravo Murillo y hasta estudiante de Ciencias Políticas. Para este hombre el día tiene 48 horas, quizá sea esa una de las palancas de su éxito como empresario. Viajero infatigable pese a su edad, acaba de regresar de China y Japón, dos naciones sobre las que guarda una matizada curiosidad.
Los negocios le han llevado a recorrer medio mundo, muchas veces de la mano de Sacyr, presente en tres continentes, y de cada sitio se enganchó. Es apasionante oír el resultado de sus exploraciones viajeras, en las que casi siempre pasa revista a las economías de los países que visita. Viajar, leer y practicar el esquí son sus pasiones, en este caso hasta el punto de presidir la sociedad que explota una estación de nieve (Astún).

Llegó a Gran Canaria hace 42 años para ser funcionario, un empleo que le duró tres meses. Tras su fugaz paso por el Ministerio de Obras Públicas (trabajó sobre todo en el desarrollo del Puerto de La Luz), Sanjuán entró como ingeniero en la constructora Sato y con el paso del tiempo llegó a hacerse propietario de la misma y de sus negocios y actividades en el Archipiélago. Con José Manuel Loureda fundó Sacyr y pudo haberse convertido, como lo es hoy José Luis del Rivero, presidente de la constructora y también ingeniero como él, en uno de los grandes tiburones de la empresa española, capaz de moverle la silla al mismísimo presidente del BBVA, Francisco González, pero prefirió quedarse en Canarias.

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