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JAIME GIL GONZÁLEZ: ´Los espacios agrícolas de Canarias se están convirtiendo en escenarios´

 
J. Gil González.
J. Gil González. JAVIER FUENTES

Jaime Gil y Marta Peña acaban de presentar su último libro, Caracterización morfológica de las variedades de papas cultivadas tradicionalmente en Lanzarote. Desde este punto, la conversación fluye por distintos cauces.

GREGORIO CABRERA - ARRECIFE —¿Cuál es exactamente el interés del estudio científico de las variedades agrícolas tradicionales?

—Hay que tener en cuenta que las variedades se han ido acumulando desde el tiempo de los aborígenes. En excavaciones arqueológicas se ha encontrado grano. Ahí empieza la acumulación en Canarias de cultivos tradicionales. Con los conquistadores vino la agricultura mediterránea y también se han incorporado cultivos de América, África... Los agricultores fueron seleccionando lo que les convenía. La diversidad en las Islas es bastante alta debido a este proceso de acumulación. Con la Conquista llegaron, junto a los peninsulares, también los portugueses y en periodos de hambruna se traían cultivos de África. En el caso de la papa y la batata hay una diversidad tremenda.

—Por lo tanto, la evolución agrícola canaria sería un reflejo de las distintas culturas con las que ha tenido contacto el Archipiélago.

— Sí. Aquí han entrado muchas cosas, aunque no todas arraigaron. Todo esto que los agricultores han ido seleccionando es un trabajo ya hecho. Si lo perdemos, perderíamos de paso esa selección que hicieron. Además, quizás parte de lo que ha llegado aquí se ha perdido en origen.

—¿Y qué proyección económica real tiene la recuperación y potenciación de estas variedades?

—Hay determinados cultivos que lo tienen más complicado, como los cereales o las legumbres, que vienen muy baratos de fuera. Pero sí tienen muchas posibilidades las papas, las batatas, las cebollas o los tomates. Lo que sucede, por ejemplo con las papas, es que a veces las variedades están degeneradas porque han ido acumulando virus a lo largo del tiempo y su reincorporación al mercado requiere de una serie de acciones.

— ¿Cómo valora usted la relación entre agricultura y paisaje?

— Una cosa es el paisaje rural y otra el paisaje agrícola. El segundo es productivo, primario, básico. El paisaje rural es producto de otras cosas. Ahora hay un cambio de actitud, incluso político. El primer mundo quiere conservar su paisaje rural, pero sin embargo su cultura agrícola la deja de lado y prefiere traer del tercer mundo los productos básicos. En Canarias los espacios agrícolas tradicionales se van a convertir simplemente en espacios rurales, en escenarios.

—¿Y qué se puede hacer para evitar la desaparición de la agricultura como tal?

—Lo primero es saber lo que hay, y eso lo saben los agricultores. Nosotros llevamos en esto quince años. Queremos que los agricultores nos transmitan el conocimiento de la diversidad para luego verificarlo. Luego viene la labor urgente de preservar haciendo bancos de semillas. Y después hay que intentar introducir en el mercado las variedades más interesantes, que ya es una cuestión no sólo técnica sino también política. Nosotros tenemos problemas para desarrollar los proyectos encaminados a la simple conservación. No encontramos apoyo en algunas islas, a pesar de que las leyes para la protección de la biodiversidad lo exigen.

—¿Con qué sorpresas se han encontrado en el estudio de las variedades tradicionales de la papa en Lanzarote?

—Dimos, por ejemplo, con un libro de lecciones elementales de agricultura de 1816, escrito por un profesor de Cádiz, y decía que los agricultores de Gran Canaria procuraban conseguir las semillas de papa de Lanzarote. Y esto muy poco después de las erupciones de Timanfaya. En Tenerife encontramos un documento anterior, de 1790, donde un dueño de unas fincas llevaba a sus medianeros papas de Lanzarote. Eran datos integrantes, porque los historiadores indican que la papa arraiga en la Isla tras las erupciones (1730-1736) y es sorprendente que Lanzarote se consolidara tan rápido como una isla suministradora de semillas. Parece ser que en el comercio de barrilla hubo intercambio de productos de primera necesidad con los ingleses y es probable que entraran directamente por Lanzarote.

—¿Se podía haber hecho algo más para evitar la entrada de plagas?

— La conciencia de los agricultores siempre ha sido acumulativa. En los mismos viajes del Imserso se traen papas, batatas, los hijos se van, por decir algo, a Bali, y les traen también... Todavía existe esa concepción. Desde las instituciones no se ha concienciado a la gente de los peligros de estas costumbres. Necesitamos que sigan viniendo cosas, pero que cuando lo hagan vengan controladas.

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