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FRANCISCO MORA: "El mundo que vemos es creado, en parte, por los códigos de nuestro cerebro"

Francisco Mora, autor del libro Neurocultura: una cultura basada en el cerebro, impartió hace unos días una conferencia en el Museo Elder sobre este término "revolucionario" que aúna las humanidades y las ciencias.

 
Francisco Mora.
Francisco Mora.  JUAN GREGORIO

CIRA MOROTE MEDINA - LAS PALMAS DE GRAN CANARIA. - ¿Qué es la neurocultura?

- Hasta ahora, la cultura se ha relacionado con las humanidades y, en este momento, se está planteando la unión de ciencia y humanidades. Esta revolución significa que hay que reinterpretar la filosofía, la ética, la sociología, e incluso, la economía y el arte. El cerebro humano es el producto de setecientos millones de años de evolución. Lo que las neurociencias actuales están demostrando es que ese cerebro es espejo y creador de todo lo que nos rodea. Podemos adelantar cosas tan chocantes como que, posiblemente, el mundo que vemos, en parte, es creado por los códigos de nuestro cerebro.

- ¿El mayor conocimiento del cerebro nos va a hacer cambiar nuestra forma de ver el mundo?

- Lo que va a hacer es ayudarnos a darnos cuenta de que si hasta ahora la filosofía ha hablado del yo o del libre albedrío o de la conciencia, eso ya no será posible en el futuro, sin que el filósofo conozca cómo funciona el cerebro, porque el yo, en parte, se construye desde el cerebro. Pasa igual con la ética...

- ¿Y con la religión?

- La religión forma parte de un movimiento dentro de la neurocultura que empieza a conocerse como neuroteología. Esta disciplina trata de descifrar cómo el cerebro construye nuestros sentimientos religiosos. La neuroteología, en alguna medida, nos lleva a la conclusión de que, en tanto que el cerebro lo es todo y no hay ningún texto sagrado que no haya pasado por su filtro, toda concepción religiosa procede del ser humano.

- Sus teorías no serán muy populares entre quienes sostienen que el sentimiento y la fe están separados de la razón.

- La única cuestión aquí es llegar a entender que el ser humano es producto de esa evolución y que somos consustanciales a nuestros primos hermanos los chimpancés. Lo que hay que decirle muy claro a la gente es que no volvamos al debate de hace 200 años, cuando Charles Darwin dijo que procedemos del mono, más o menos, y todo el mundo se le echó encima para ahogarlo. Hoy, hasta la Iglesia Católica admite que una entidad espiritual fuera de la biología es altísimamente improbable. El ser humano es biología.

- ¿Eso quiere decir que una vez que se conozca el funcionamiento del cerebro, los problemas podrán solucionarse a base de química?

- No, no debemos confundir las cosas. En absoluto se pueden resolver todos los problemas desde el tratamiento biológico. El ser humano tiene espíritu, pero desde la perspectiva de lo que él es en sus concepciones y su conducta, no en tanto que tiene una entidad que no es biología. Por tanto, que la palabra, a través de la psicoterapia, es efectiva, naturalmente que sí. El ser humano no es pura bioquímica. Hoy no conocemos en el cerebro algo fundamental, que es saber cuáles son los elementos básicos de nuestra subjetividad. Yo sé que estoy hablando con usted, pero cómo reduzco eso a moléculas. Es imposible. Lo que las ciencias necesitan ahora es un genio que nos proporcione una revolución acerca del entendimiento del cerebro.

- ¿Cómo hacemos para que la neurocultura no sea usada por la industria farmacéutica para decir que todo se arregla con una pastilla?

- Nos encontramos en un siglo que, precisamente, va en contra de lo que usted acaba de señalar. El siglo pasado fue el del genoma. Pero eso constituye un sustrato que es el 25% de lo que el ser humano posee para padecer una enfermedad. Cuando alguien sufre una demencia, una esquizofrenia, un alzheimer... Eso no viene en los genes. Es la interacción de genes mutados la que predispone al individuo a padecer esas enfermedades, pero para que aparezca, para que asome clínicamente la dolencia, el individuo tiene que interaccionar con el medio ambiente. Este siglo será el del ambioma, que nos dirá qué factores del medio, hacen que las enfermedades afloren. Cuando conozcamos el ambioma, lo mismo que el genoma, el ser humano no padecerá más enfermedades, podremos prevenirlas.

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