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JIRINA PREKOP: "En la pubertad ya no hay que educar a los hijos"

La terapeuta y autora de libros como 'El pequeño tirano' y 'Si supieran cuánto los amo' habla en esta entrevista del papel determinante que tienen los progenitores y la familia en la personalidad y en la vida de las personas.

 
JIRINA PREKOP: "En la pubertad ya no hay que educar a los hijos"
JIRINA PREKOP: "En la pubertad ya no hay que educar a los hijos" 

LOURDES S. VILLACASTÍN - La relación entre un padre y un hijo siempre es conflictiva. ¿Es sólo cuestión de pertenecer a dos generaciones distintas?

- Sin duda alguna eso es una razón de peso pero desde siempre las relaciones entre padres e hijos son siempre conflictivas. Si no, no hubiese existido el cuarto mandamiento en el Antiguo Testamento en el que se nos dice que debemos honrar a los padres. Pero de los diez mandamientos, no es una prohibición como el no matarás sino que se da una opción al individuo. Es como decir, honra a tus padres y te va a ir bien sobre la tierra. Muchas de las neurosis, depresiones, dependencias con el juego, el alcohol, los medicamentos provienen de esas malas relaciones con los padres.

- ¿Pero por qué se mantiene aún siendo los dos personas adultas?

- Esa es una pregunta filosófica. Nada se desarrolla en el bienestar. Sólo crecemos en las crisis. Aprendemos de los errores, de las dificultades. Sin tesis ni antítesis no se crea. Frente a esa dualidad, esa polaridad, desarrollamos nuestra propia identidad.

- En el seno de la familia siempre hay rencillas entre padre e hijo, entre hermanos, incluso entre la propia pareja ¿No parece un lugar armonioso para crecer?

- La familia es necesaria para el crecimiento del individuo porque es el lugar donde un niño aprende sus primeros pasos en la vida. Pero el niño copia lo que ve. Observa qué relación tiene su padre con sus progenitores, cuál es la de su madre con su abuela. Y así, sucesivamente, con el resto de los miembros de la familia. Si ve que hay una relación conflictiva entre su padre y abuelo, copiará ese conflicto cuando tenga una familia. El cerebro del ser humano está dividido en dos partes. Por un lado, la lógica, el entendimiento, y, por otro, el instinto animal. Cuando hay un conflicto tendemos a que la parte animal explote. O agredimos o salimos huyendo cuando lo que deberíamos es controlar esa rabia con el entendimiento. Independientemente de cómo se haya conformado la familia, ese código de vida que establecen sus miembros y cómo resuelven sus conflictos es lo verdaderamente importante para que no decaiga entre ellos el amor.

- ¿Por qué es tan importante para un individuo la relación que tiene con sus progenitores?

- A través de ellos obtenemos la vida. Pero con la vida obtenemos también los genes. No sólo tener la nariz de mi padre, los ojos de mi abuela, sino también el temperamento, mi capacidad artística. Si yo digo que no quiero ser como mi padre no me podría mirar nunca al espejo para no ver su nariz. Pero de los padres también se recibe educación. Con aciertos y errores. Todo eso conforma al individuo. Somos como un árbol. Si cortamos las raíces, el árbol muere.

- ¿Hay pues que perdonar al padre para llegar a ser adulto?

- Sí.

- ¿Detrás de un hijo rebelde hay un padre inmaduro?

- Sí. Mi duda es si hoy en día se puede ayudar a estos padres a crecer. En Alemania, los niños que ahora son padres crecieron en una ola antiautoritaria. En España, creo que se dio menos. A esos padres se les dieron muy pocas herramientas para el futuro porque apenas les pusieron fronteras. Ahora dejan que sus hijos griten en la cuna o les dan medicamentos para que se callen, los mandan a la guardería sin desayunar, les dejan hacer lo que quieren. Son padres egoístas, sin sentimientos. Son los hijos los que van a hacer crecer a esos padres.

- ¿Cómo podemos evitar que un hijo sea un tirano en casa?

- Los padres tienen que tener seguridad en sí mismos. Ser conscientes de que van a trasmitirles todo lo necesario para vivir, para aprender. A partir de los nueve, diez meses hay que empezar a ponerles fronteras. Deben aprender a que cuando les dicen sí, es sí, y cuando no, es no. No debe pensar que lo pueden conseguir todo. Porque un niño siente las debilidades, los temores, las dudas del padre, incluso cuando la madre piensa abortar. Un niño necesita concreción, autoridad. El ni fu ni fa no lo soporta. Hace de él un ser agresivo o depresivo. Pero los padres deben también a aprender a distinguir el yo del tú. Es decir, que sus hijos no son ellos y a dejarlos que puedan decidir cuando se puede decidir. En la pubertad ya no hay que educar a los hijos. A esa edad, ya no se dejan y se consigue lo contrario. El profesor, el monitor, es ahora su referente.

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