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MARIANO DE SANTA ANA - LAS PALMAS DE GRAN CANARIA. Sami Naïr es catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad París 8 y profesor-investigador en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. También ha enseñado y dado conferencias en universidades de EE UU, América Latina, Europa y el Magreb. Tras ser nombrado Delegado Interministerial de Codesarrollo y Migraciones Internacionales del Gobierno francés en 1998, fue eurodiputado entre 1999 y 2004.
- ¿Puede servir la inmigración para desarrollar al país de origen del inmigrante?
- Sí. Las remesas, las políticas de creación de proyectos en el país de origen y la posibilidad de hacer llegar a la familia al país de acogida -que permite la estabilización de los inmigrantes en los países de acogida y de los flujos migratorios en los de partida- son herramientas que contribuyen al desarrollo del país de origen. Ahora lo que hay que ver es cómo se pueden incrementar esas relaciones. La única manera de hacerlo es crear instrumentos concretos como empresas residenciadas por los inmigrantes en sus países de origen, o permitir a los bancos de los países de acogida financiar proyectos en los países de origen. Es absolutamente central organizar el uso del ahorro de los inmigrantes en los países de acogida porque hay una gran diferencia entre mandar el dinero a la familia y meterlo en un banco del país de origen para utilizarlo con intereses en proyectos para el país mismo.
- ¿Existen ejemplos de apoyo bancario occidental a proyectos financiados por los inmigrantes en sus países de origen?
- En Francia hemos tenido una experiencia muy positiva con la asociación marroquí Migración y Desarrollo, que financió con dinero de los inmigrantes y préstamos de bancos la construcción de carreteras, dispensarios médicos, hospitales, escuelas, etcétera.
- ¿Tiene sentido entonces separar las políticas de inmigración y las de cooperación al desarrollo?
- Necesitamos políticas de cooperación porque la cooperación embarca a la inmigración. No podemos reducir la cooperación a la inmigración pero hay que plantear la cuestión de la inmigración dentro de la política de cooperación y considerar que es un elemento clave en la elaboración de la política de cooperación. Los inmigrantes son elementos de esa cooperación con los países de origen pero la política que tenemos consiste en separar completamente la inmigración de la cooperación, considerar esta última como un asunto de relación entre estados y dejar a la inmigración en manos del mercado de trabajo. Hay que explicar a la opinión pública que la inmigración es un elemento de cooperación solidaria al desarrollo de los países de origen. Este discurso es fundamental para evitar el racismo, la xenofobia y la mirada despectiva hacia los inmigrantes.
- ¿Qué cuestiones nuevas arroja la crisis económica sobre el problema de la emigración?
- La crisis se ha transformado de crisis financiera en crisis económica, de crisis económica en crisis social y de crisis social va a pasar a depresión económica lo que significa un nivel de paro importantísimo en los países desarrollados. En esta situación van a padecer más los inmigrantes, la competencia del mercado de trabajo va a dañar muchísimo a la inmigración. La crisis también va a tener consecuencias sobre los países pobres. El Fondo Monetario Internacional acaba de publicar un informe muy alarmista sobre el impacto de la crisis en África diciendo que va a generar millones y millones de nuevos parados y a provocar la desestabilización de los aparatos estatales. Por ello en esta situación de crisis necesitamos incrementar más que nunca la ayuda al desarrollo. Es más, la inversión en el desarrollo puede ser una salida de la crisis. El presidente norteamericano, Barack Obama, lo está pensando y está elaborando proyectos para considerar que la inversión en países pobres puede ser un mecanismo de relanzamiento de la economía mundial.
- ¿La flexibilización en los regímenes de circulación es más efectiva que los cierres de fronteras para atenuar los flujos migratorios?
- El cierre burocrático y dogmático de las fronteras provoca el auge de la inmigración familiar, para la reagrupación de las familias, de la inmigración clandestina y la transformación de los peticionarios de asilo en inmigrantes clandestinos. En Europa tenemos esa experiencia desde hace treinta años y el resultado es muy negativo. No abogo por la apertura de fronteras, porque sé que eso es imposible ahora. Pero tenemos que poner en marcha convenios con los países de origen con los que tenemos un tráfico migratorio muy importante para flexibilizar la circulación y permitir a la gente venir y marcharse. Introducir un poco de vida en estas relaciones muertas basadas en el cierre. El cierre favorece a las mafias.
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