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ELENA G. MONTERO
LAS PALMAS DE GRAN CANARIA
- Para aquellos que no la conocen, ¿qué rememora la fiesta de los indianos de Las Lagunetas?
- Rememora un sentimiento, una huella imborrable con el pueblo cubano. Es algo más que un evento festivo para los habitantes de Las Lagunetas que desde 1909 y, generación tras generación, se han encargado de preservarla, a pesar de los cambios de costumbres y la menor participación popular en la última década. La fiesta tiene un gran apego al fenómeno de la emigración y con el mito del indiano que retornaba de América rico. Es una fiesta sencilla, cargada de nostalgias y valores, pero también con una raíz religiosa, pues el indiano José Ortiz Vega tenía una gran fe por el Sagrado Corazón de María. A esta advocación se había encomendado desde la enfermedad de su hija, de nombre María como la Virgen. Probablemente él mismo compró su imagen para rendirle devoción y pedir por los que emigran y por sus familias.
- ¿Por qué recibe el nombre de fiesta de los indianos?
- Desde un primer momento los emigrantes, incluido un hijo de aquel indiano, Diego Ortiz Vega, mandaban dinero desde Cuba para que la fiesta se celebrara cada año como dejó impuesto su fundador. La fiesta la mantenían ellos. El mismo párroco del lugar, Juan María Martel, escribió en un carta de 1910 que se titulaba los indianos porque "la costean los vecinos que actualmente se encuentran en Cuba". Desde los primeros años alcanzó gran popularidad. En 1917 los indianos estaban tan arraigados entre la población que, según la prensa, era una de las fiestas más concurrida de la Isla. Y en el 20, tras el hundimiento del Valbanera el año anterior, en el que fallecieron 23 personas procedentes de la Vega, marca un antes y un después en esta fiesta, pues hasta el obispo Marquina presidió los actos y, en medio del emocionado recuerdo de aquel trágico suceso, se empezaron a contar historias del hundimiento, mientras la Virgen se encontraba en el centro de la plaza. Algunos de aquellos romances aún se recuerdan en este pago.
- Además de narrar la historia, ¿qué otras anécdotas nos podemos encontrar en el libro?
- Pues, por ejemplo, en la primavera de 1801, a raíz de la creación de la parroquia de San Mateo, una docena de vegueros establecidos en La Habana envía una campana nueva, además del dinero para ayudar a la construcción del campanario. Un alegre repicar se oyó en todo el territorio de la Vega en agradecimiento de la nueva parroquia y la división del pueblo de San Mateo del municipio de Santa Brígida.
- ¿Cómo eran los vecinos de Las Lagunetas que emigraban? ¿Se notaba algún cambio a su regreso?
- Eran muchachos fuertes, rudos, bien intencionados pero sin trato social o don de gentes; como trozos cortados del mismo Risco Prieto. Los que regresaban, si es que no sucumbían en medio del Atlántico o bajo los cañaverales cubanos, venían vestidos con trajes claros, sombreros jipijapa (típicos de Panamá), con leontina y relojes de oro y luciendo dientes de oro en cada sonrisa. Volvían con mucha experiencia y con ademanes de vuelta de todo. Tuteaban a todo el mundo, incluidas las personas mayores, a quienes sirvieron de peón antes de marcharse. El recibimiento a los indianos se hacía con voladores, a medida que su carruaje pasaba por cada barrio de estas medianías. Todo el pueblo se acercaba a recibirles y a comprobar también si venían con dinero.
- ¿Qué huellas ha dejado el mito indiano en Las Lagunetas?
- Aparte de la fiesta de indianos más genuina y otro rico patrimonio inmaterial en forma de cantares y decires, con el dinero que hicieron los indianos se ayudó a mantener el paisaje agrario, se compraron tierras, casas, molinos. La huella cubana está presente también en forma de carne y hueso porque el último indiano que vive en Las Lagunetas tiene 97 años y se llama Simoncito Suárez, y es una prueba además de que los indianos emigraron por otros motivos ajenos a hacer dinero, también para pagar deudas.
- ¿Qué podemos ofrecer los canarios a los emigrantes actuales?
- Sobre todo solidaridad. Porque el pueblo cubano, entonces próspero y rico, nos acogió. Ahora es un trasiego distinto, porque es al revés. No podemos olvidarnos que a lo largo de la historia hemos tendido puentes de conexión con América no sólo en lo geográfico, sino también en lo social, cultural y hasta consanguíneo, pues los ancestros del héroe de la independencia cubana, José Martí, son originarios de la Vega. Su bisabuelo materno era el labrador Salvador Pérez Navarro.
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