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HEMEROTECA » |
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LOURDES S. VILLACASTÍN
- ¿Existen en los ayuntamientos canales para la participación ciudadana?
- Ahora mismo hay estructuras. El problema no es que existan o no canales sino si la ciudadanía puede asumir esos espacios en condiciones de igualdad respecto a los poderes públicos. Hay consejos de participación pero para ejercer ese derecho se requiere de unas habilidades que, muchas veces, la ciudadanía no tiene, no ha aprendido. ¿Existen espacios?, sí. ¿Funcionan de manera adecuada?, no siempre. ¿Por qué?, fundamentalmente por una cuestión de capacidad de los ciudadanos, de articularse y de saber utilizar esos espacios como el lugar en el que situar en la agenda pública los temas que les afectan.
- Ese es un problema. Las reglas del juego son las que son. De lo que hablamos es de en qué medida se hace una apuesta por una democracia más participativa. Esa es la encrucijada a la que se enfrenta la clase política. Decidir si quiere mayor democracia, lo que implica mayor capacidad de la ciudadanía en la toma de decisiones, o si lo que quiere es mantener una democracia representativa como la actual, con un papel menos protagonista de los vecinos. Las leyes actuales hablan de voz y de tener en cuenta la opinión de los ciudadanos a la hora de desarrollar planes, proyectos, etc. Pero bajo mi punto de vista, no están generalizados los mecanismos para que los ciudadanos tomen decisiones sobre sus asuntos.
- ¿Ese es el siguiente paso que tendrán que dar los gobernantes?
- La participación no es todo o nada. Venimos de una herencia, en donde las organizaciones tradicionales que realizaron la Transición se basaban en la militancia. O participaban en todo o en nada. En estos momentos han cambiado mucho las cosas. Hay un gran abanico de niveles de participación. Es decir, se puede participar estando informado de determinados asuntos, dando la opinión en consultas populares, desarrollando aquello que se ha decidido hacer, participando en la toma de decisiones. Por tanto, hay distintos escalones de participación, que hoy son los que se tienen que articular. Es decir, los partidos políticos tienen que decidir qué escalones quieren impulsar en la ciudadanía y cuáles no. Traducir el discurso político de la participación ciudadana a lo cotidiano requiere necesariamente repartir poder. Y la clase política tiene que optar a ello o no.
- ¿Está dispuesto a ello?
- El movimiento vecinal está en una profunda crisis de identidad. Por un lado, tradicionalmente ha sido el interlocutor con la administración local. Pero ¿qué ocurre? que mientras en los años 70 eran el espacio colectivo único. A medida que ha ido evolucionando nuestra sociedad se han ido creando nuevos colectivos. De mujeres, de jóvenes, culturales, etc. Aquellas asociaciones que tienen mejor vida, se están planteando ser un espacio de encuentro del barrio en vez de ser la voz del barrio. Respecto a la juventud. En primer lugar, no hay una sola. Hay mucha gente joven haciendo cosas, con iniciativas, participando. Pero no llegan al punto de montar asociaciones formales. Huyen de la burocracia.
- ¿Por qué hay ese desencanto?
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