ANTONIO JOSÉ FERNÁNDEZ
"Quiero que paguen por todo lo que hicieron y que la barbarie que han protagonizado no quede impune. Soy de los que opinan que deben cumplir hasta el último segundo de la condena que les caiga y en esa tarea no voy a cejar". Gilberto Pérez, de 45 años, es un teldense que a finales de 1987 se hallaba destinado como guardia civil en el País Vasco y que consiguió sobrevivir a dos duros atentados de ETA, el último de ellos cometido el 26 de junio de 1989 en la casa cuartel de Llodio (Álava), cuya fachada se vino abajo por la carga explosiva empleada.
A consecuencia del ataque, Pérez y 16 personas más resultaron heridas. Tras aquella tragedia vio cómo se puso punto y final a su carrera en la Benemérita -en la que trabajaba en el departamento de intervención de armas y explosivos y ya había sufrido un ataque previo en el peaje de Areta, con un guardia civil muerto- y terminó por regresar a las Islas para montar una agencia de publicidad de la que hoy es director ejecutivo.
"Durante mis años en el País Vasco nunca sentí miedo porque estaba cualificado para mi trabajo. Eso sí, vivir fuera de la casa cuartel era una temeridad", avisa. Ahora, tras escuchar el anuncio de ETA no deja de mostrar rabia y escepticismo. Miembro de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, reseña que por encima de todo quiere que "se respete la dignidad y la memoria de todos los que han muerto, han sido heridos o han sufrido daños en un ser querido. Lo que pedimos es Justicia", añade, "porque la historia de España no se merece para nada que una banda de asesinos pase por ella con impunidad y sin rendir cuentas. No vamos a olvidarnos de lo que hemos pasado y cuando vea todas las armas y los detonadores entregados, uno encima del otro, sólo entonces me creeré su anuncio. Pero que les quede claro que ese paso no les va a dar derecho a que se les sobresean sus delitos. En 2006 hablaron de una tregua y mira, terminaron volando el parquin de Barajas", subraya. El jueves pasado, Pérez conducía cuando oyó en la radio "una noticia agradable de gente desagradable.
Tuve que parar sobre la marcha. ¿Que qué pensé? Que es una patochada más. Y como yo, muchos excompañeros del cuerpo".