22 de marzo de 2015
22.03.2015

Análisis: 'Andalucía, primer experimento', (J.M de Loma)

El adelanto electoral en Andalucía será una prueba de fuego para PSOE y PP y, también, para las fuerzas emergentes

22.03.2015 | 19:37

Susana Díaz quiere innovar en política. Por eso ha contravenido esa suerte de ley electoral, basada en la observación de la historia reciente, que afirma que los adelantos casi nunca salen bien para quien convoca. De hecho, el PSOE le debe casi todo a la jugada de José Antonio Griñán de no hacer coincidir los comicios andaluces con las generales en noviembre de 2011. Es decir, le debe casi todo a un retraso electoral. Al llamar a las urnas unos meses después, el elector andaluz tuvo en su mano contestar a las primeras e impopulares medidas de Rajoy. Javier Arenas se quedó corto en su victoria y los socialistas, con el concurso de Izquierda Unida, volvieron a gobernar. Sin esa ´victoria´, con un PSOE que ya de por sí es un partido muy andaluz, no tendría el bastión del sur. Ni la formidable maquinaria de poder institucional que supone la Junta de Andalucía. Ni el liderazgo de Susana Díaz, que bien puede ser un recambio de futuro para los carteles de la socialdemocracia española. No tan cercano, por cierto, ese recambio, como algunos calibran. Aunque esté por ver cómo le sale la jugada, lo cierto es que los pronósticos, las encuestas, la dan por ganadora. De qué magnitud es su victoria es la incógnita.

Los sondeos pintan una fuerte irrupción de Ciudadanos y de Podemos y caída de IU el PP en un Parlamento de 109 escaños en el que los estudios más favorables al PSOE lo sitúan en 45. A diez de la mayoría absoluta. UPyD y el Partido Andalucista se quedan en testimoniales. El PP, capitaneado ahora por Juanma Moreno Bonilla, exsecretario de Estado de Ana Mato, político profesional desde su más tierna juventud y con mucha mili en Génova, ha puesto el acento en la necesidad del cambio. También en la corrupción, pero no tanto como se preveía. No han querido hacer de eso su eje de campaña. Más bien ha tratado de contraponer la dicotomía prepotencia-soberbia, dualismo que sí se vio reflejado en los dos debates televisados (Canal Sur y TVE) en los que, sin que Bonilla estuviera brillante, sí estuvo aseado, contundente y suelto. Sobre todo: sacó una cara poco habitual de Susana Díaz, ciertamente alterada y faltona en varios lances de la retransmisión. Bonilla es una apuesta de Rajoy. Lo impuso frente a los deseos de María Dolores de Cospedal de imponer al alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido. Y el presidente del Gobierno ha procurado que esa apuesta se note. Ha acudido cinco veces a Andalucía. Siempre a actos en grandes recintos para hablar junto al candidato. Rajoy, por tanto, se la juega en Andalucía y es muy consciente de ello. El desembarco de ministros ha sido también contundente. Esto engrandece a Díaz, que polemiza directamente con Rajoy y ningunea al líder de los populares, al que no quería nombrar para no contribuir ni con una décima al escaso conocimiento ciudadano que tenía el sucesor de Arenas. Eso ha mejorado.

Muchos kilómetros y muchas entrevistas a medios nacionales le han paliado este hándicap. Mientras Moreno Bonilla daba mítines, visitaba explotaciones agrícolas, colegios, fábricas, parques tecnológicos o entidades vecinales, los socialistas han diseñado unas jornadas preelectorales a mayor gloria de la candidata. Paseos en barrios de clase media baja y baños de besos, selfies, abrazos y palmadas. Una candidata permanentemente patrimonializadora de lo andaluz, rechazando no pocas críticas al grito de que son ataques a los andaluces. Eso es algo que han practicado muy bien por estos lares los socialistas y que tal vez explica por qué no hay un partido nacionalista fuerte. Para no pocos andaluces, ese papel lo desempeña el PSOE. En Izquierda Unida, final feliz de campaña, teñida de drama no obstante. La felicidad la proporcionó Julio Anguita con un mitin en Málaga el miércoles que desbordó aforo y previsiones. Miles de personas para oír a quien no daba un ruido de estas características desde el año 2000. La coalición, despechada tras su abrupta expulsión del Gobierno regional y anonadada y empequeñecida por la ola de los de Pablo Iglesias, ha alternado fieros ataques a sus exsocios ("estáis hasta arriba de corrupción", espetó Antonio Maíllo, su candidato) con mandobles a la derecha y ora tortacitos ora guiños a Podemos. La alocución de Anguita fue un llamamiento a la convergencia de toda la izquierda y una advertencia a los suyos: "El PSOE nunca ha sido de los nuestros". Con todo, dado que ni Ciudadanos (¿la verdadera sorpresa de estas elecciones?) ni Podemos parecen dispuestos a acuerdos con los socialistas, el papel de los de Garzón puede ser decisivo. En uno u otro sentido. Andalucía es el laboratorio donde se van a testar las formaciones emergentes y la decadencia del bipartidismo. Iglesias organizó el viernes un macromitin en territorio mítico del socialismo: Dos hermanas. Presentan a Teresa Rodríguez, joven gaditana, eurodiputada y licenciada en Filología. Ha tenido diferencias serias con Pablo Iglesias, que han aflorado. Sus propuestas se han movido entre lo exótico y la dialéctica de lo alternativo. Toda España pendiente de Andalucía.

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