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HOMENAJE A LAS VÍCTIMAS DE BARAJAS

´Sobrevivir no es vivir´

"Nadie de Spanair se ha preocupado por nosotros, ni una llamada. Al final la culpa va a ser nuestra por haber tomado ese maldito avión"

 11:40  
Ángeles Carpintero y Francisco Moreno, la pasada semana en San Bartolomé de Tirajana.
Ángeles Carpintero y Francisco Moreno, la pasada semana en San Bartolomé de Tirajana.  JUAN CARLOS CASTRO

MIGUEL F. AYALA Que hayas salvado la vida y que te sea tan difícil vivirla..." Ángeles Carpintero y Francisco Moreno, de 68 y 69 años, respectivamente, siguen, como quien dice, tratando de despegar cuando se cumple un año del accidente de aviación del que sobrevivieron milagrosamente. "Sobrevivir no es vivir", cuenta él en el transcurso de una entrevista en la que ambos, dos de los 19 pasajeros que salvaron la vida en el vuelo JK 5022 de Spanair, se quejan de que "todavía" no han visto ni un duro de la compañía, responsable del vuelo que les cambió la vida a ellos y a otros cientos de familias. "Ya no es sólo el dinero, que es muy importante; es el daño moral que nos han hecho porque después de lo sufrido, aquí no nos ha llamado nadie, ni ningún político se ha interesado en preguntar si necesitamos algo. Al final", dicen, "parece que la culpa de todo la tenemos nosotros por haber cogido aquel avión ese 20 de agosto".

Lleno de cicatrices y con un optimismo titánico, Francisco Moreno no olvidará nunca "el desastre" que presenció cuando tras el accidente salió despedido "a más de 20 metros de altura", probablemente impulsado por alguna explosión. "Desde el aire pude ver el alcance de la tragedia: bajo mis pies, un mar de cadáveres y butacas entre el fuego y los gritos de quienes pedían ayuda", cuenta Moreno, que no perdió en ningún momento el conocimiento y recuerda con detalle todo lo que sucedió aquella tarde en Barajas.


SECUELAS. De alguna manera, su mujer, con la que lleva residiendo en Gran Canaria desde hace 37 años, corrió mejor suerte ya que un fuerte golpe en la cabeza la dejó inconsciente. "No me acuerdo de casi nada. Dicen los psiquiatras que quizá sea algún mecanismo de defensa de mi cabeza, pero mis secuelas son otras", cuenta levantando un pie que desde la rodilla al tobillo tiene el mismo grosor. "Me han hecho infinidad de injertos y ahora no me gusto; no me agrada ni estar en la playa o la piscina con esta pierna así", cuenta con cierta vergüenza pero siempre agradecida "porque yo lo he podido contar".

Sabe que otras muchas familias y amigos están en una situación peor que la suya porque han perdido a sus seres queridos, pero eso tampoco es un consuelo justo para este matrimonio que vive con 700 euros al mes y reside en un dúplex de Vecindario que se ha convertido en una cárcel, sobre todo para ella que no puede subir a la segunda planta de la casa porque sus pies se lo impiden.

"Sí, si me lo propongo subo un día, pero luego los dolores durante semanas son insoportables", cuenta Ángeles, con un parche en el ojo "porque con el golpe se vieron afectadas las órbitas oculares, se paralizaron los músculos ópticos, además de haber perdido buena parte del oído. No veo por el ojo derecho", explica, "y no escucho por el oído izquierdo".


BÚSQUEDA DESESPERADA. Francisco y Ángeles iban sentados uno junto al otro en el JK5022 pero el impacto les separó. "Me agarré con tanta fuerza a mi marido que me partí los huesos de la mano", recuerda sobre el momento del accidente. "Luego yo, reptando como pude, traté de buscarla entre los restos del avión", dice Moreno.

"Vi unos sillones del avión boca abajo y traté de levantarlos, pero Ángeles no estaba allí. Traté de seguir buscándola hasta que llegaron los servicios de rescate y me evacuaron".

Francisco Moreno fue el primer evacuado de la zona de la catástrofe. "Me iba con la idea de que ella había muerto". Pero no. Estaba escrito en algún lugar que ese no era el momento en que se separarían tras una vida en común, tres hijos y varios nietos esperándoles -en breve serán abuelos de nuevo-.

Ángeles era localizada y rescatada casi seis horas más tarde, en una zona estrecha del Arroyo de la Vega a donde cayeron muchos de los pasajeros, vivos y muertos.

"Nadie sabe cómo fui a parar allí", explica. "Tuvo que utilizarse un helicóptero y meter a una chica muy delgada para poder sacarme de donde estaba atrapada tirando hacia arriba". Fruto del tremendo golpe, de las quemaduras y las heridas abiertas, esta nueva Ángeles pide "por favor" que ponga en la entrevista "que no cobramos ni un duro, porque muchas personas van diciendo que estamos forrándonos contando nuestra historia y nosotros la contamos, precisamente, para que se sepa en qué situación nos dejó aquel vuelo tan defectuoso y en la desprotección absoluta mostrada por Spanair".

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