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HEMEROTECA » |
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BORJA VALCARCE HÍPOLA Ambas familias no se conocían todavía. Hacía ya unos años que Javier, un chico de Madrid, había conocido a su esposa Zenaida, natural de Arguineguín. La felicidad los había bendecido con un hijo que ya tenía tres meses y visitaban Gran Canaria para bautizarlo junto a su primo, con el mismo tiempo de vida. Junto a ellos viajaba la hermana de Javier, María, y uno de los mejores amigos de él, Isaac. Dos días después los padres de Javier y María, Javier Nuñez y Olvido Rojo, se reunirían con ellos, pero "el destino quiso que no fuese así", relata Nuñez.
El accidente del vuelo JK 5022 terminó con la vida de los cuatro jóvenes y la del pequeño. "No es justo, no es justo, no es justo", susurra Olvido. Pero dos familias que ni se conocían ni se trataban, ahora son uña y carne, tanto que las dos madres llevan el mismo colgante con las fotografías de los que perdieron.
Ha pasado sólo un año y el dolor sigue presente. "Parece que fue ayer" recuerda Rojo, y su marido añade, "el día a día es como un martillo. El tiempo no lo cura todo, sólo lo amortigua, y ellos siempre están presentes".
Agradecen, sin embargo, haber sacado algo bueno de la desgracia, haber hallado luz donde solo hay oscuridad: "La familia de Arguineguín y la de Madrid estarán siempre juntas", expresa emocionada la madre de Zenaida Hernández. "Ellos los han perdido a todos: hijos y nieto... pero a mí me queda una hija y una nieta, y ellos saben que somos su familia".
"No es momento de chanchullos", comenta en referencia a las familias que se han peleado por las indemnizaciones. "Hay que ser una piña porque el dinero no soluciona nada", y enfatiza, "la amistad no nos la van a quitar aunque no nos den nada".
Hace un año nadie los conocía en el pueblo de Arguineguín, pero Javier y Olvido son ahora muy queridos por los vecinos y ellos están muy agradecidos por lo "bien" que los han tratado y lo "magnífico" del recibimiento que les han brindado.
"El sueño de mi hijo era comprar una casa en Arguineguín y trasladarnos a todos aquí", relata Nuñez con la vista perdida en el océano. "Cuando podamos, nos vendremos a vivir aquí... con nuestra nueva familia", sonríe.
Ambas pasean ahora por la playa sin dejar de recordar a quienes les unieron y ya no están con ellos.
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