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HEMEROTECA » |
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LOURDES S. VILLACASTÍN - LAS PALMAS DE GRAN CANARIA. Hace un año, la vida de Isabel ha quedado reducida a un mundo de papel que reproduce instantes de felicidad. Todas caben en un pequeño sobre de correos que de tanto abrirlo y cerrarlo en estos duros meses ha terminado por resquebrajarse como aquel fatídico 20 de agosto de 2008 rompió sus ilusiones. Isabel Pérez y su marido, José Domínguez, perdieron a su hija Isabel, de 32 años, a la pareja de la joven y a su nieto Cristian, de 12 años, en el accidente de Spanair. Venían de vuelta a casa tras unos días de vacaciones en Madrid.
"Me reconforta mirar las fotos; es como si estuvieran vivos", dice Isabel sin parar de llorar en su casa de Vecindario, rodeada de fotos y de los trofeos ganados por José a la zanga.
El año ha sido muy duro para la familia. "Lo hemos pasado como hemos podido", cuenta José. Sus refugios han sido la escalera de casa y una finca en San Bartolomé de Tirajana. Allí estaba cuando le avisaron de la tragedia.
"No nos lo podíamos creer porque nos dijeron que había muchos supervivientes", señala Isabel, que mantuvo siempre la esperanza de que algún miembro de su familia hubiera dado esquinazo a esa pequeña lista con los nombres de los heridos.
José, más realista, percibió lo que se les venía encima nada más llegar a Madrid y comenzar a ver pasar las horas en el recinto ferial. Esa aparente fortaleza se vino abajo pronto. "No sabía ni dónde estaba, caminaba sin saber adónde en el hotel", cuenta.
Hoy, tira del "carro" que supone haber creado una familia. "Hay que seguir luchando, tengo que hacerlo. Si no tiro yo, ¿quién va a hacerlo? Hay que seguir adelante. Alguien tiene que guiar a los demás. Si nos derrumbamos todos..."
Isabel, sin embargo, trata de levantar cabeza con la ayuda de un psicólogo. Acude a un grupo de terapia formado por personas que, como ella, han perdido a sus seres queridos en trágicas circunstancias en Vecindario. "Me han ayudado, pero en estas fechas..." Isabel no puede terminar la frase.
En este intenso año no han buscado respuesta a lo que ocurrió ese terrible día de verano. "No nos pasó a nosotros sólo. Le ocurrió a mucha gente. No puedo pensar que fuera un castigo. Si sólo le hubiera pasado a mi familia, pero fuimos muchos", dice José. El trágico accidente sólo tiene para ellos un significado y es que dejó a muchas familias "infelices". Lo único que piden es que "no se les olvide".
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