|
|
|
HEMEROTECA » |
|
NATALIA VAQUERO - MADRID. El 20 de agosto de 2008 marcó un antes y un después para los trabajadores del Samur Social del Ayuntamiento de Madrid, un servicio que vio la luz en 2004. Prestar asistencia en el accidente del vuelo de Spanair que se estrelló en Barajas "fue nuestra actuación de más impacto por el número de víctimas y de recursos que tuvimos que movilizar", reconoce Darío Pérez, responsable de esta área social del Consistorio madrileño.
Pérez y Juan Carlos Arellano estuvieron al frente de un dispositivo que actuó en dos fases a partir de las 14.35 horas de ese fatídico día. Ninguno de los dos olvidará la "serenidad" con la que llegaron a Madrid los familiares de las 79 víctimas canarias, a los que aseguran que con tiempo podrán rehacer sus vidas.
"Nuestra primera misión fue acceder al Aeropuerto para atender a las familias de los pasajeros que aún estaban en Barajas", relata Darío Pérez. Las horas pasaban, y al equipo del Samur Social se sumaban trabajadores que estaban de vacaciones y voluntarios de otras entidades sociales. La misión que tenían no era fácil: "Había que acompañar y apoyar emocionalmente a unas personas que desconocían la verdadera dimensión de la catástrofe", apunta Arellano.
El segundo punto de intervención de estos trabajadores se instaló en Ifema. Fue en este recinto ferial de Madrid donde se realizó el proceso de identificación de cadáveres. "La situación era tremenda", insiste Pérez. Los familiares habían pasado de la angustia y la tensión por la confusión en el aeropuerto a admitir al llegar a Ifema que no iban a encontrar con vida a sus seres queridos.
CONTROL. "El listado de fallecidos estaba claro en este caso", recalca el jefe del Samur Social, "porque se sabía perfectamente quiénes habían embarcado y quiénes habían sido trasladados a un hospital", continúa este trabajador social que también participó en la asistencia del 11-M. "En aquella ocasión era imposible controlar quién iba en los trenes", destaca.
Lo cierto es que nadie está entrenado para situaciones tan dantescas como éstas. "Nos sorprendió mucho la serenidad con la que llegaron las personas de Canarias", reiteran. Estaban muy entristecidos, pero hacían gala a la vez de un tremendo estoicismo ante el drama.
El trayecto del Aeropuerto a Ifema era corto en distancia y a la vez muy largo en tiempo. Las seis guaguas escoltadas por la policía trasladaban a personas que no estaban en su tierra y que "mostraban unas emociones muy contenidas" ante la tragedia que les acababa de sacudir.
Casi todos tuvieron que someterse a la prueba del ADN para identificar a sus allegados. El trago es duro, pero saber que iban a tener pronto los cadáveres de sus familiares les suponía también un alivio. "Había momentos en los que se derrumbaban, pero siempre tenían a su disposición un equipo de psicólogos para ayudarles", explica Arellano. No todos los familiares reclamaron ese servicio de apoyo emocional. "Toda la vida ha habido catástrofes y accidentes y más importante que un profesional es contar con el apoyo de la familia y el entorno más próximo", reflexiona Pérez.
Muchos de esos familiares están ahora peor que durante aquellos dolorosos días. Sobre todo, los de más edad. Es normal, aseguran los psicólogos, "porque hasta hace bien poco era impensable que un padre viese enterrar a sus hijos", declara Darío Pérez, quien aún recuerda a un matrimonio en Ifema, agarrado del brazo y con la mirada perdida que se preguntaba qué iba hacer ahora que había perdido a una hija, un yerno y a sus tres nietos.
Otro padre recordaba que su hija había sido feliz en vida y que así la quería recordar siempre. "Se les rompe la biografía", insisten, "porque te ves obligado a reinventar tu vida sin tus seres más queridos", explican, al tiempo que desaconsejan "estar encima permanentemente" de estas personas que no olvidarán, pero que tienen que volver a tomar las riendas de sus vidas.
|
|
|
|
| PROMOCIONES CONÓZCANOS: CONTACTO | LA PROVINCIA | LOCALIZACIÓN | PUBLICIDAD: TARIFAS | AGENCIAS | CONTRATAR |
|
| |||||||