R. ACOSTA
"Un año después conservamos como el primer día la memoria de los que se fueron y los mantenemos presentes en nuestra vida diaria". El vicario general de la Diócesis, Hipólito Cabrera, consoló ayer a los cientos de familiares y amigos de las víctimas del siniestro de Barajas con palabras de recuerdo y evocación de aquellos que hace un año vieron interrumpidas sus vidas de forma inesperada por un trágico accidente de avión. Cabrera pidió a las familias que "sigan luchando en la vida como lucharon ellos" y que "mantengamos lo bueno de nuestros seres queridos para seguir su camino truncado".
Cabrera rememoró las palabras del obispo de la Diócesis, Francisco Cases, al señalar que un "manto de dolor" cubrió toda Canarias el 20 de agosto de 2008. La "encendida plegaria" que se lanzó en la Catedral en el funeral del pasado año se repitió ayer en el templo de Santa Ana para mantener viva la "memoria" y la "presencia" de los fallecidos. El oficiante dijo que "aún queda mucho camino por recorrer para mitigar el dolor de tanta pérdida de vidas humanas" y pidió no cejar en mostrar la solidaridad y el apoyo de todos "para hacer más llevadera la cruz del sufrimiento". Ante lo inevitable de la ausencia de los seres queridos, a muchos familiares sólo les quedó ayer el consuelo religioso de la vida más allá de la muerte y de la presencia espiritual de los padres, hijos y hermanos que se fueron para siempre.
El magno funeral de Estado celebrado el pasado año en la Catedral dio paso este año a una misa estrictamente privada, aunque con el mismo sentimiento de emoción contenida y recuerdo de las víctimas del siniestro aéreo de Barajas. Este año no estuvieron ni los Príncipes, ni el presidente del Gobierno, ni los alcaldes. De hecho, prácticamente no hubo dirigentes políticos de relevancia y los pocos que fueron se mantuvieron en un discreto segundo plano en el templo catedralicio del casco de Vegueta.