Aminatu Haidar

Conflicto diplomático por Aminatu Haidar

Pase lo que pase con la activista saharaui, las relaciones de España con Marruecos se verán afectadas
 
Pedro Hernández - 8 de diciembre
 
Los 23 días transcurridos desde la llegada de Aminatu Haidar al aeropuerto de Lanzarote han desencadenado un conflicto diplomático de consecuencias todavía imprevisibles, pero, a la vista de la última advertencia marroquí sobre seguridad nacional e inmigración, ninguna inocua para España.
 
El 14 de noviembre de 2009 se ha convertido para el Gobierno de Zapatero y en especial para su ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, en un particular día horribilis. La expulsión de Haidar hacia el aeropuerto conejero, al que llega sin pasaporte marroquí, porque las autoridades de Rabat se lo retiran por rellenar la ficha policial haciendo constar la no reconocida nacionalidad saharaui, inicia el primer episodio y da la clave de los sucesos posteriores.
 
La activista entra en territorio canario pese a no tener el pasaporte gracias a una tarjeta de residencia española que posee y es a partir de ese momento cuando una acción considerada humanitaria por Moratinos desata un gigantesco enredo que podría tener consecuencias trágicas.
 
La posición innegociable que mantiene Haidar obliga al ministro a acudir a Rabat a buscar una solución que sabe que está abocada al fracaso. Moratinos regresa tal como fue, sin resolver nada y desde el PP y otros agentes sociales se critica el ridículo hecho por la diplomacia nacional. Mientras, Marruecos sigue en sus treces y descarga el problema en España, que es criticada en foros internacionales porque los días van pasando y la salud de la ya debilitada Aminatu empeora cada día que pasa.
 
DÍAS TENSOS. La situación de la activista llama la atención no sólo de los partidarios que la apoyan y acompañan en Guacimeta, sino que desde varias cancillerías, el Parlamento Europeo e incluso la Casa Blanca se empieza a urgir una solución.
 
Aminatu no acepta tampoco ni el estatus de refugiada ni la nacionalidad española ofrecidas por el Gobierno central y obliga a bajar los brazos a Moratinos, quien declara: "El Gobierno no puede hacer nada más". 
 
Rabat ofrece una salida a su vecino, que Haidar pida perdón al rey marroquí a cambio de otro pasaporte, pero la activista también lo rechaza. El 4 de diciembre, 19 días después del inicio de la huelga de hambre, parece que Rabat acepta la vuelta de la saharaui y España la embarca en un avión privado con destino a El Aaiún. 
 
La operación acaba en un ridículo mayúsculo de España cuando Marruecos se niega a permitir que el avión entre en su espacio aéreo. Haidar regresa tan abatida que se cubre hasta la cara con una manta que ya parece una mortaja. Al día siguiente, el médico sentencia: "El tiempo se agota". No para Haidar. Ella resiste. 
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