![]() Las lágrimas del pequeño MohamedAmigos y familia de Aminatu dicen que ya no habla con su hijo menor para no oírle llorar: él sabe que Mohamed VI no la dejará volver Pedro Hernández La han llamado la Pasionaria del Sahara o la Gandhi saharaui por su apasionada y pacifista lucha por los derechos de su pueblo. También ha recibido premios y reconocimientos internacionales por defender con ahínco y coherencia sus ideas pese a las dificultades que supone enfrentarse con su frágil figura a un Estado que, según ha denunciado en múltiples ocasiones, cada día ataca y somete a los habitantes del Sahara Occidental. Aminatu Haidar, la ahora muy conocida y popular activista, es, en efecto, todo eso y más, pero también es, y no en menor medida, madre de dos hijos, una mujer que según algunos familiares y amigos es una madre amantísima que sufre, y sufre mucho, por no verlos y porque teme que su postura de mantener la huelga de hambre, iniciada hace 24 días en el aeropuerto de Lanzarote, la aparte definitivamente de ellos y no pueda volver a verlos. Pero así es, según reconocen las personas más cercanas a ella, esta mujer, poseedora de una personalidad apabullante, de ideas claras y que no retrocede ante nada, ni siquiera a la posibilidad de morir y no regresar jamás a El Aaiún para abrazar a Hayat (15 años) y Mohamed (13 años), sus dos hijos, las otras dos víctimas silenciosas de esta batalla teñida de derechos avasallados y de diplomacia de cartón piedra. La fuerza de sus convicciones, conocida en estas casi cuatro semanas por el gran público a raíz de su lucha con el Gobierno marroquí porque le ha negado el pasaporte y la entrada a su hogar, no nació en el aeropuerto lanzaroteño de Guacimeta el 14 de noviembre, sino que, como diría un castizo, "de casta le viene al galgo". Es una lucha iniciada desde adolescente y que ha llevado a esta pequeña y menuda mujer a perder la salud, con una úlcera sangrante y costillas rotas durante su activismo prosaharaui. "Aminatu siempre ha sido una persona humilde, que le gusta conversar con todo el mundo y llegar al consenso con quienes no opinan como ella, es amiga de todos". Quien así habla es su primo carnal, Erguibi Buchar, que la acompaña en esta batalla campal desde el inicio. Buchar, que como todos los familiares y amigos de Aminatu están visiblemente preocupado por la salud de ésta, recuerda que Haidar era "desde niña una defensora de los más débiles, ya que se enfrentaba a los que querían hacer daño a los demás. Cuando tenía 15 años tomó conciencia de la situación del pueblo saharaui por la dominación marroquí y desde esa edad ya empezó a pensar que los saharauis deberían tener su propio Estado". Este compromiso, alimentado por las escuchas clandestinas de radios extranjeras y por la influencia de dos primos suyos que, hartos de soportar a las autoridades de Rabat, se alistaron en el Frente Polisario, la ha llevado a sufrir represalias, torturas, largos años de cárcel y mucho sufrimiento, aunque no han mermado la fortaleza de sus convicciones. Y ese tesón se ha convertido en su gran baza para poner nerviosos a dos gobiernos y sus detractores. Esta fuerza moral, que no física, de una mujer que arrastra una úlcera sangrante de la época de sus cautiverios es la que destaca también una amiga suya, Gurutze Irízar, que la conoció en los años de intenso activismo de Aminatu. "Ella es una mujer excepcional, con una claridad de ideas y una coherencia increíbles, que la lleva a defender lo que piensa hasta el final, como ocurre ahora". UNA MADRE. Sin embargo, no todo en la vida de Aminatu Haidar, aunque sea su seña de identidad como personaje público, es su faceta de activista y defensora de los derechos humanos. También es madre, "una madre amantísima con sus hijos", como enfatiza Irízar, quien sabe como pocas personas lo que sufre Aminatu por no ver a sus dos pequeños, que la esperan en El Aaiún con una ya discreta vigilancia policial marroquí, difuminada a medida que han pasado los días y el caso de Haidar ha alcanzado dimensiones internacionales. "Ella sufre por no ver a sus hijos, y a veces no habla con ellos para no entristecerlos más, pero sigue firme en su postura de no abandonar la huelga de hambre, pase lo que pase", señala esta amiga de Aminatu. Por su parte, Erguibi, el primo de la mujer que ha puesto patas arriba las relaciones bilaterales entre España y Marruecos, asegura que su familiar debe hacer de tripas corazón para desempeñar con entereza su otro gran cometido, el de ser madre. "Ya no habla con su hijo pequeño porque éste llora porque piensa que su madre se va a morir y ella no puede resistir ver triste a su hijo pequeño. El niño oyó que el rey de Marruecos había dicho que Aminatu no volverá a El Aaiún si no le pide perdón y como sabe que su madre no lo hará nunca, se echa a llorar porque teme que no la verá nunca más", argumenta Erguibi, que como el resto de los seguidores y amigos de Haidar saben que, en efecto, ella no va a retroceder, que llevará hasta las últimas consecuencias su actitud. Unas consecuencias que pueden ser fatales a medida que pasen los días. Hayat, de 15 años, también lleva mal la situación de su madre en la lejanía, "pero aguanta mejor la situación que su hermano porque entiende el carácter fuerte y decidido de su madre", apunta el primo de Aminatu. La activista saharaui es la mayor de cuatro hermanos e hija del propietario de un comercio, ya fallecido, y una mujer que está unida a su familia, pero sus sentimientos no la han apartado, dicen quienes la conocen, de su objetivo de conseguir que el pueblo saharaui sea reconocido como Estado y puedan volver, desde los campos de refugiados a lo que consideran su país. Cueste lo que cueste.
|
|
||||||||||||||||||||||||||||||