¿Cómo se enteró de que iba a ser el pregonero?
Roque [Díaz] me llamó en diciembre para decirme que el motivo del Carnaval iba a estar relacionado con la televisión. En alguna ocasión anterior ya me lo habían propuesto, pero el tema de este año fue la percha y me dijo que los organizadores estaban pensando en mí. Así que antes de presentar el nombre como posible candidato quería saber si yo estaba dispuesto, aunque me advirtió que él quería que fuera yo. Así que le dije que sí, pero no se dónde se aprobó. Una vez que se autorizó me dijeron que se iba a anunciar y como estaba en Canarias de vacaciones aprovecharon para decirlo en la rueda de prensa. Me ha gustado la discreción con la que lo han llevado, porque me habían dicho que no lo dijera a nadie.
¿Cómo le sentó la noticia?
La he recibido muy bien. Sea uno poco o muy carnavalero, no cabe duda que es una fiesta popular, es un orgullo. Es de las pocas cosas que compartes con el paisanaje. Creo que éstas son las fiestas que realmente se mantienen, porque es verdad que una romería forma parte de la tradición, pero es más del folclore, como ir a misa o no, mientras que esto es una fiesta más espontánea, más entroncada con la idea laica de la vida. Es un desahogo a tanta presión. Lo de este año es de locos, si no se hiciera un Carnaval creo que la gente tendría que salir a la calle a despelotarse. En estas épocas es cuando más hace falta. Al final estamos todos metidos en un callejón sin salida, sin saber qué hacer, desprotegidos. Como si ya no fuera suficiente apretar por el lado económico, encima si el virus no sé que, que si la gripe A... Estás verdaderamente presionado, no sabes por dónde tirar. Frente a la opción religiosa de hombre, ya se verá, pon la otra mejilla, hay que sufrir... tienes que tener una válvula de escape. Todos sabemos que en una casa una olla a presión, si no le dejas escape, explota y la sociedad es igual. El Carnaval no es un gasto, es una inversión en el fondo, porque además de liberarte de tensiones da vidilla a algunos sectores, aunque sea por unas semanas.
¿Es carnavalero?
Yo no soy un carnavalero incondicional, yo participo en la fiesta, a mí me encanta. Es más, soy de los que les gusta incluso vestirse. Lo que más me gusta es la sábana, porque te anula. En el fondo para mí es como si te convirtieras en espíritu, como si no fueras nadie, te facilita meterte y entrometerte, transgredir la Ley.
¿Suele venir a Canarias en Carnaval?
Sí suelo, pero depende. La vida siempre es un depende. Depende del trabajo, del turno, del avión, de muchas cosas. Siempre ha dependido fundamentalmente del trabajo y de mi profesión, porque muchas veces cuando la gente está por ahí disfrutando nosotros tenemos que estar trabajando.
Este año entonces disfrutará de los carnavales en la calle, ¿se disfrazará con la sábana?
No lo sé, eso es cuando te da el punto (risas). Hay un punto en que te sale el gamberro y es cuando te pones la sábana. Muchas veces la he llevado en una bolsa o en el bolsillo, ¡que te da, pum!, me la pongo (risas).
¿Cómo será su pregón?
Las línea generales, por supuesto, serán sobre la televisión. Es importante lo del pregón aquí porque en todos los otros sitios te compones un texto y le das el sesgo que quieres. Sin embargo, el pregón del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria me parece muy interesante porque está perfectamente ensamblado con todo el Carnaval y sus motivos. El de Mary Sánchez fue precioso y el de los deportistas del año pasado, genial. Obedece a un guión que no está cerrado del todo, pero hay que ajustarse, es muy bueno porque estás planteando situaciones de la dramaturgia, del ritual del Carnaval con un sentido. Dentro de eso vas planteando el pregón, así que habrá una parte que se habla de la historia de la tele, desde el punto de vista más bien lúdico o irónico, y también se hablará del futuro. Al esqueleto que hemos definido se le pondrá la literatura, el cuerpo, la carne... (risas).
Usted está acostumbrado a estar delante de las cámaras, pero asusta bastante subirse al escenario, ¿no?
No he estado nunca en un escenario con tanta gente delante y en directo. Sí he estado en carnavales en un escenario, pero en el teatro Pérez Galdós. Un año de ingrato recuerdo por el momento vivido, no por el Carnaval. Ahora a la distancia me río, pero fue un trago. Recuerdo que era la presentación de las candidatas a Reina y estaba en el escenario pensado: ¡cómo me gustaría estar ahora de reportero detrás, en vez de aquí para no estar en esta situación! Es que la gente que diseñó los trajes calculó mal y no podían verse las candidatas en el escenario del Teatro porque no podían entrar. La puerta era la que era y no cabían ni de lado, ni de frente, ni quitándoles nada... y yo estaba en el escenario. ¡Llega un momento que no había nada más que decir! (risas). El soporte técnico no era malo, pero tampoco como el de ahora porque teníamos poca facilidad de movimiento. Todo aquello era el Carnaval puro y duro y era agobiante. Fue de lo más gracioso, pero lo digo ahora, porque la gente vivió un momento desagradable. ¡Después de eso, el pregón es pan comido! (risas).
¿Qué le parecen los pregones del Carnaval?
Sé de gente que lo está tomando como modelo porque está muy bien organizado, hay un guión perfectamente hecho, con mucha gracia. La organización de este Carnaval está a la altura de cualquier espectáculo que se puede tener en el mundo hoy en día. Está hecho para que te luzcas. A mí me encanta el Carnaval con un punto anárquico, libre, espontáneo, pero cuando tienes un espectáculo sobre un escenario, tienes que tener ciertas pautas. Estos espectáculos se hacen para la televisión, es un musical con mucha categoría.
¿Cómo ven desde la Península los carnavales de Canarias?
Para ellos es como si fuera un mito. Canarias en general está en el imaginario colectivo. Es curioso porque todo el mundo habla mucho de este Carnaval como si fuera otra cosa, se nota que nunca estuvo (risas). Con estas fiestas pasa lo mismo que cuando vienen a las Islas y se quedan alucinados con el mar, para nosotros es lo normal, pero no para ellos.
¿Tiene mucho sentido del humor?
Sin comer no me quedo. ¡Para 150 años que vamos a vivir no vale la pena estar aquí sufriendo! (risas)
¿Qué está haciendo ahora que ya está jubilado?
Estoy haciendo lo de antes, pero con más calma, o lo de antes pero con más espacio. Vivir.
¿Ha sido duro el cambio, tener que dejar la televisión cuando todavía no era el momento?
No, pero hay algo que es importante. Te pasas una parte de tu vida en el trabajo, las querencias las tienes con colegas, con compañeros, con amigos que están relacionados con el mundo laboral. Pero del trabajo en sí, lo único que echo de menos es estar en la parrilla de salida de las cosas. Por ejemplo, me gustaría estar en la primera transmisión en 3D. Ahora que TVE empezó a emitir sin publicidad, ¡cómo me gustaría estar ahí! Me da pena no vivir los cambios, porque uno es un curioso. Yo he vivido el comienzo de la tele en Canarias, pero es más, la televisión se inició en España cuando yo tenía 10 años, pero aquí no había ni televisión, ni radio, ni nada. Cuanto tú le dices a la gente que no había radio te tratan de loco. A los niños de hoy se lo dices y no te creen porque para ellos Los Picapiedra tenían un televisor en la cueva (risas).
¿Sigue siendo el hombre del tiempo? ¿Ha sido el punto más fuerte de su carrera?
El trabajo ha sido valorado y también personalmente, pero la máxima popularidad ha sido en momentos anteriores, cuando tú eras no sólo el que salías por la tele, eras un icono, un aparecido (risas). Notabas la influencia, el calor, había una atracción especial para la gente y para ti. Era un fenómeno nuevo. El cariño de la gente se siente y ves la importancia que tiene lo que dices. Ahora el televisor es un electrodoméstico más y está más democratizado todo, es más llano y más bonito. Ahora es efímero, antiguamente no.
¿Lloverá o no lloverá en el pregón?
El otro día estuve mirando estadísticas y es posible que haya un tiempo estable. Pero claro, la época en la que se celebra el Carnaval es como la cosa del pronóstico, el tiempo se empeña en hacer lo que le da la gana (risas) y no obedece a nuestros pronósticos.