
Trabajar con la cantera es siempre una apuesta segura para mirar al futuro. Si además se trata de jóvenes con un talento privilegiado las esperanzas crecen a pasos agigantados, a golpe de títulos y medallas. A lo largo de las cuatro jornadas del Campeonato de España de saltos que se celebró en el Metropole, los saltadores grancanarios arrasaron sobre la torre de saltos. Su certero liderazgo salpicó de entusiasmo a la afición local, que vio cómo se codearon con soltura con grandes figuras de este deporte como los mundialistas Javier Illana o Carlos Calvo.
En la competición júnior los grancanarios pasaron a ser asiduos al podio, con una cosecha de 35 metales. Nicolás García Boissier volvió a firmar una actuación estelar con cinco oros. Su proyección meteórica obli-ga a fantasear con un futuro de éxitos para los saltos canarios. Pero no es el único que apuesta por lo alto. Su hermano Héctor también se colgó cuatro medallas, al igual que el saltador Francisco Hernández, del Salinas. Otras promesas isleñas como Pablo Socorro, Antonio González, Karina Ramírez o Laura González contribuye- ron al derroche acumulando oros y platas.
Por si no fuera suficiente, en la competición absoluta también llovieron medallas. Aquí entraron en el juego la saltadora del Salinas Jennifer Benítez y la metropolistas María Rodríguez Vallecillo, que, a pesar de su juventud, se lo pone muy difícil a rivales de gran nivel. En total los grancanarios se llevaron siete medallas, entre ellas los dos títulos de campeona de España de Benítez.
Detrás de la magia y el espectáculo que brindan la altura y la osadía de los saltadores, se esconde la entrega de los deportistas, el empeño incansable de los entrenadores y la paciencia bendita de los padres. Muchas horas de trabajo al raso, sometidos a los caprichos de la meteorología encaramados al trampolín o a una plataforma de diez metros.
Las vacaciones normalmente se pactan con el entrenador y los puentes desaparecen en muchas ocasiones porque el cuerpo no debe perder el hábito de saltar durante más de tres días seguidos. Cuando se acerca una competición el ritmo se intensifica y los viajes obligan a perder clase. Sin embargo, la gran mayoría son buenos estudiantes y han interiorizado la disciplina y el compromiso. Se les ve felices sobre el trampolín, igual que sobre el podio.
Nicolás García empezó a brincar en el bordillo de la piscina desde los cuatro años, así que parecía que la torre de saltos lo estaba llamando. Su pasión por este deporte la resume con una frase: "Me encanta".

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