
Dice Guacimara Medina que José Antonio Ramos puso al municipio del que es alcaldesa en el mapa musical. El malogrado timplista, que fallecía en junio de 2008, es la marca y banda sonora de esta localidad grancanaria que el fin de semana se engalana para recibir la novena edición del encuentro Una noche en Artenara. "No es un homenaje, sino una celebración, una convivencia entre amigos que se reviste de alegría", se apresura a puntualizar Germán López, el joven timplista, vecino de Artenara y alumno de José Antonio Ramos, que este sábado presidirá el escenario del festival con la puesta de largo en su municipio del que es su segundo disco Silencio roto. El municipio cumbrero, que a diario no suma más de 1.350 habitantes, se prepara para recibir unas 3.000 personas si se hacen buenos los números de años anteriores.
Germán López es uno de los invitados al encuentro que da protagonismo a los proyectos musicales de Natalia Dicenta, Yeray Rodríguez y Angélica. Es la tercera vez que se celebra sin la presencia de su creador, el hombre que lograba aunar voluntades alrededor de la música en un sitio mágico para tocar, "Yo soy de Artenara, y lo más importante es juntar a músicos y colaboradores, más allá de homenajes". López hace un alto en los ensayos del concierto del sábado, donde estará acompañado por Andreas Prittwitz al saxo, clarinete y flauta; Luis Fernández al piano; Dani Casielles, contrabajo y voz; y José San Martín a la batería, músicos con los que grabó un nuevo disco en el que demuestra que su debut Timplíssimo no fue fruto del azar. Es la tercera vez que toca en Artenara, y será muy distinto que en ocasiones anteriores. Explica que "en la primera edición sin José, Polo Ortí me invitó a tocar con él, y ahora voy a presentar disco". Y lo hará "en un sitio alucinante" siempre presidido por la figura del maestro ausente.
Andreas Prittwitz, músico y productor y uno de los colaboradores más cercanos que tuvo José Antonio Ramos, ha sido quien ha tomado las riendas del camino musical que ha trazado Germán López. Ayer, desde su domicilio en Madrid y en vísperas de su traslado a Gran Canaria, recordaba cómo Ramos se empeñó en "hacer un festival de buena música tanto canaria como del exterior, siempre con un grupo base, que era el grupo habitual de José Antonio, al que se iban sumando los invitados". Fue una idea "lógica y natural" que tras su muerte se siguió celebrando por decisión de la propia familia y de mutuo acuerdo con el Ayuntamiento. "Todos entendimos que el proyecto siguiera adelante y que los amigos de José Antonio hicieran algún tema suyo".
Niega Prittwitz que a él le toque ahora ejercer de conductor de una convivencia que comienza el viernes con la llegada de los artistas, y que se prolonga hasta que expira el domingo. "Soy un simple consejero que intenta que el espíritu de José Antonio esté siempre presente", dice el saxofonista. Cuando se le pregunta por Germán López y el reto emocional que tiene por delante con la presentación de Silencio roto, Andreas Prittwitz dice que "puede estar tranquilo porque ha madurado y heredado en todos los sentidos la personalidad de José Antonio Ramos, es un músico hecho que tiene nombre propio, y que al igual que José es muy espontáneo, que llega a donde quiere y que tiene poco riesgo de fallar. Espero que siga por la misma línea de atrevimiento, una de sus virtudes".
Germán López se ha revelado como un inquieto experimentador del timple. Al igual que su maestro, con quien estuvo desde los cinco años, el surco de la música popular se le queda corto. El pop, jazz, las músicas étnicas, se pierden el respeto entre tanganillos, sorondongos y folías, palos del folclore sacados de su sitio natural, nuevos colores con los que según su autor "seguir dibujando la silueta del timple en el mundo".
Piezas de su reciente repertorio como Imaginando folías, Silencio roto, Tanganillos o Sorondongo influenciado, certifican la madurez a la que aludía Prittwitz. Aunque el protagonista quiera restar importancia a lo que se dice a su alrededor como el más firme sucesor del creador de discos que alteraron el espectro del timple como Los cuatro gigantes (1998), Puntales (2000), Jeito (2001), Para timple y piano (2003), José Antonio Ramos y Andreas Prittwitz (2004) o Las manos del maestro (2006) y su póstumo Very JAR (2008).
La herencia. ¿Y qué queda en el alumno del legado de su maestro? Germán López sólo encuentra palabras de agradecimiento cuando se le pide enumerar algunas de las cualidades que hicieron de Ramos un personaje único y excepcional en la historia de la música moderna en Canarias. "Estudié con él desde pequeñito y lógicamente aprendí de su manera de tocar, pero lo que más llega y permanece es su manera de funcionar, era el mejor ejemplo de lo que es hacer música, al menos para mí, y de él aprendí esa disciplina, el saber estar en este mundo".
López será el último en actuar el sábado en Artenara. "La verdad es que todos tenemos muchas ganas de que llegue el sábado". La noticia le llegó ayer a mediodía. Antes y desde las 22.30 horas, estarán en directo Angélica, Yeray Rodríguez y Natalia Dicenta. En esas dos horas cada artista tendrá el gesto convenido con la organización a la memoria de José Antonio Ramos. La sorpresa llegará tarde, al filo de la medianoche, cuando el joven timplista de Artenara reclame la presencia de la cantante herreña Angélica, con la que se marcará Mujeres de El Hierro, una de las composiciones que Ramos incluyó en su disco de debut, Los cuatro gigantes, a la que el palmero Luis Morera prestaba su voz en la original, y que raramente se interpretó en directo.

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