
Cientos de personas se agolpaban cada fin de semana a las puertas de la sala de fiestas más selecta de la época. Eran los años 70 y 80, cuando sus antiguos dueños suecos convirtieron la Beach Club en un centro de encuentro de la gente de moda, ya fuesen turistas como canarios, con su macrodiscoteca de grandes piscinas exteriores. Aquel proyecto empresarial languideció hasta que el empresario Basilio López (que provenía del sector del mueble) decidió hacerse con la propiedad, transformarlo en un selecto hotel (un hotel boutique, según los más refinados) con gustos selectos y una decoración al estilo de un crucero, manteniendo algunas de las salas y aquella escalera central que da paso ahora a las dos piscinas exteriores, situadas a los pies de la playa de San Agustín.
La historia de la cadena Luis Hoteles, que hoy regentan sus sucesores, Genoveva Luis y sus hijos Basilio y Roberto López Luis, se centra en sus dos grandes proyectos, el citado Hotel Beach Club y Hotel Caserío, situado en Playa del Inglés.
Antes, su fundador había comprado en el año 1987 los apartamentos Estrella Luz (hoy Veril Playa), de los que luego se desprendería. Dos años después se hacía con el Hotel Caserío y, volcado en el negocio turístico, adquirió en el año 1994 el Beach Club, aunque su apertura como establecimiento turístico se retrasó hasta 2003. Y lo hacía con la nostalgia de quien había sido cliente de la discoteca.
El director general del grupo Luis Hoteles, Delfín Vila, resalta que el Beach Club es un establecimiento de pocas camas (139), que trata de mantener el espíritu exclusivo que emprendió su original sala de ocio. Para ello se invirtió una gran suma de dinero en la decoración de madera que asemeja a un crucero, y que conserva alguna de las salas originales. En cambio, Hotel Caserío es más juvenil.
Una de las mayores preocupaciones de la cadena hotelera es cuidar su restauración, que goza desde sus orígenes, como sala de fiestas en los años 70, de un gran prestigio. El local es un ejemplo de la nueva cocina canaria, de la mano del chef José Luis Martel (considerado en el año 1997 el jefe de cocina más joven en un hotel de cuatro estrellas) y del maitre José Santana. Esto le ha permitido conservar aún muchos clientes de la antigua discoteca, ya que tanto el restaurante como la terraza, con sus dos piscinas (una de agua dulce y otra de agua salda), están abiertas a la entrada de clientes externos. Para ello, su gran reclamo es su privilegiada ubicación, en primera línea de playa.
El director general, que dio sus primeros pasos en el Hotel Caserío (hace 31 años), y que pasó luego por las principales cadenas hoteleras existentes en Gran Canaria hasta que volvió a recalar en Luis Hoteles, insisten en que "nuestro principal objetivo con la creación de nuestra marca Luis Hoteles es la de seguir implementando una filosofía claramente enfocada al cliente". Por ello, no descartan emprender nuevos planes de expansión en el mercado turístico.
El Hotel Beach Club se movió históricamente con el turismo nórdico, aunque con el paso del tiempo se ha abierto a otros mercados emisores, y en su mayor parte parejas.
Delfín Vila cree que el espíritu Beach Club permanece con el esmero de la decoración, que se asemeja a un barco. Pero, bajo su enfoque turístico, cuenta con un área de tratamiento de salud, sauna, zona de masaje, un pequeño gimnasio y otros servicios para el cuidado corporal.

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