
La derecha de EEUU, animada tras su demostración de fuerza en un mitin en Washington, ha reavivado las dudas sobre la fe cristiana del presidente Barack Obama como el arma infalible contra los demócratas a meses de unas reñidas elecciones.
Desde que llegó a la Casa Blanca, los críticos más acérrimos de Obama han dirigido al jefe de Gobierno duros calificativos, como "socialista", una palabra maldita en el vocabulario estadounidense, o "no estadounidense", según una teoría que duda de la validez de su certificado de nacimiento.
Y también "racista", en palabras de Glenn Beck, el presentador que reunió, junto a la ex candidata republicana a la vicepresidencia, Sarah Palin, a miles de personas en un controvertido mitin el sábado pasado en Washington que arrastró a los seguidores del Tea Party, un movimiento popular conservador.
Pero el epíteto "musulmán" es el que más ha confundido a los estadounidenses y que ha maltrecho los credenciales religiosos de Obama en un país donde más del 78 por ciento de su población se declara cristiana.
Según una reciente encuesta del centro de investigación Pew, un 43 por ciento no sabía qué religión profesaba Obama y un 18 por ciento pensaba que era musulmán.
El segundo porcentaje era incluso mayor al 12 por ciento de 2008 cuando, en plena campaña electoral, empezaron las teorías de la derecha que advertían de que bajo su apariencia cristiana se escondía, en realidad, una fe musulmana.
La polémica vuelve semanas después de que Obama defendiera el derecho de los musulmanes a practicar su fe en EEUU, incluso cuando se trata de "construir un sitio de oración y un centro comunitario en propiedad privada en el Bajo Manhattan".
Y ante las dudas, que llegan desde todos los frentes, la Casa Blanca reiteró el pasado 19 de agosto que Obama es un "devoto cristiano" que reza "todos los días".

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