M. REYES
Admitió que mató a martillazos a sus caseros, incluso relató cómo embaló los cuerpos en plásticos, los ocultó debajo de su cama y se deshizo de ellos al día siguiente. Sin embargo, Juan Carmelo Santana Álamo, grancanario de 42 años, desconoce por qué cometió el doble asesinato. "Acabé con la vida de dos personas estupendas sin ningún tipo de justificación", declaró ayer el acusado ante el jurado popular que ha comenzado a enjuiciarlo en la Audiencia de Las Palmas.
Los hechos ocurrieron el 11 de junio de 2006 en El Cotillo (Fuerteventura), concretamente en la casa donde Juan Carmelo Santana vivía de alquiler con su hijo. Precisamente fue el pago de tres mensualidades atrasadas lo que aquella mañana desencadenó el doble crimen, aunque el procesado aseguró que no existía tal deuda y que tampoco hubo ninguna discusión por el dinero. "Me dijo que tenía que dejar la casa en agosto y me fui a por ella, pero no sé exactamente lo que pasó porque se me cruzaron los cables", respondió ante las preguntas del fiscal Tomás Hernández de Paiz.
El acusado aclaró que primero mató de un martillazo en la cabeza a Tina Jane Johnson, de 58 años. Luego hizo lo mismo con su marido, Brian Johnson, de 60 años, que llegó poco después a la casa donde se encontraba su mujer. "Abrí la puerta con la mano izquierda porque el martillo lo tenía escondido en la derecha, pero no sé cuántas veces le di", agregó.
Hasta el médico forense que realizó la autopsia tuvo dificultades para concretar el número de martillazos. "Sufrió tantos golpes que no se pueden contabilizar, pero seguro que fueron más de diez", explicó al tiempo que destacaba la gravedad de las heridas. "La causa de la muerte fue la destrucción del cerebro y muchas de las lesiones fueron innecesarias", agregó el médico.
El forense también sostuvo que la muerte de la mujer no fue inmediata, incluso afirmó que "podría haber vivido si hubiera recibido asistencia médica". Como mínimo estuvo 15 minutos viva tras recibir el martillazo, aunque el fallecimiento "pudo prolongarse durante horas".
El acusado envolvió luego las cabezas con plásticos "para que dejaran de sangrar", se fue de fiesta y aprovechó la madrugada del día siguiente para sacar los cuerpos de la casa y taparlos con piedras en un malpaís cercano. El fiscal pide 46 años de cárcel.