M. REYES
El autor confeso del doble crimen de El Cotillo se acogió ayer al derecho a la última palabra para dirigirse al jurado popular que lo viene enjuiciando desde el pasado lunes. "No me quiero excusar. Me da igual los años de prisión que me caigan", declaró Juan Camelo Santana, un obrero grancanario de 42 años que mató a martillazos a sus caseros ingleses en julio de 2006.
Sin embargo, el acusado no asumió de forma plena su responsabilidad en los hechos, pues sí que alegó razones varias para tratar de justificar la atrocidad de su comportamiento. "Le echo la culpa al alcohol y a las drogas, porque sólo te provocan arrebatos", añadió Carmelo. "No tenía intención de matar. Todo fue una casualidad". Y agregó: "soy una persona fría porque he visto cadáveres en el trabajo y mi mujer murió en mis brazos".
Mientras enhebraba esa retahíla de consideraciones finales, los familiares del matrimonio asesinado tragaban saliva en los bancos de la Audiencia Provincial de Las Palmas, al tiempo que mascullaban insultos como respuesta a las palabras pronunciadas por el verdugo de Tina y Brian Johnson. "Vaya sinvergüenza", dijo una de las presentes antes de abandonar la sala.
Tampoco el fiscal tuvo dudas sobre la culpabilidad del acusado. "Fue directamente a la cabeza y los mató de forma consciente", sostuvo Tomás Fernández de Paiz en su informe final. Antes reconstruyó con brillantez cómo se cometió el doble asesinato, apoyándose en un vídeo grabado en el escenario del crimen para esclarecer lo sucedido.
Sin embargo, el fiscal modificó la petición de pena respecto al asesinato de Tina -de 23 a 18 años de prisión-, ya que no hubo ensañamiento porque sólo recibió un martillazo. En cambio mantuvo los 23 años por el otro delito, pues Brian murió con el cráneo destrozado tras ser golpeado diez veces como mínimo.
También la acusación particular recordó la "crueldad" de los hechos para reclamar el máximo de condena: 25 años por cada delito, incluso reprochó al jurado que rechazara ver las fotos de los crímenes. La defensa interesó penas bastante inferiores al entender que hubo homicidio y que el acusado tenía mermadas sus capacidades por el consumo de drogas. Un argumento negado de plano por las acusaciones y los forenses judiciales.