A.C. - MORRO JABLE
Todos los caminos se dirigieron ayer hacia Morro Jable. La tradicional romería a Cofete en honor a San Juan volvió a congregar a numerosos romeros llegados no sólo de todos los puntos de la geografía majorera sino de otras islas del Archipiélago.
Ataviados con trajes tradicionales y portando instrumentos musicales de la tierra se fueron concentrando los romeros a la entrada de Gran Valle. Desde aquí parte la romería más andariega de Fuerteventura, que discurre valle adentro hasta escalar las cumbres del Sur y llegar a la Degollada. De allí, donde es obligada la parada para disfrutar de una panorámica inigualable, se divisan los más de 13 kilómetros de la playa de Cofete. Este descanso se aprovecha también para parrandear, saciar la sed, comer algo de queso o gofio y admirar los encantos naturales de toda esta zona.
Es un lugar de apañadas que invita al descenso por la Cuesta Chica que conduce a Las Batistas, donde los romeros son recibidos por vecinos y visitantes en el caserío. Allí esperan ansiosos uno de los momentos más emocionantes de las fiestas: la llegada de los romeros.
Con el majestuoso Pico del Fraile de testigo mudo, los romeros, una vez en el caserío, brindan respeto y devoción al santo patrón San Juan, en la ermita de las Casas Blancas. Llegó el momento del encuentro entre romeros y vecinos. Todos juntos tocan y bailan al son de isas, folías, saltonas, seguidillas y malagueñas. Eso sí, no faltaron, como siempre, cabrito, gofio amasado, queso de la zona y vino. Así lo manda la tradición.
La generosidad y la hospitalidad que los vecinos del caserío de Cofete brindan a los romeros es digna de quienes se saben herederos de una tradición que arraiga en el tiempo. Y esta virtud la han podido descubrir estos días los visitantes que se han acercado hasta este poblado, que hoy pone fin sus fiestas más populares.