Las cabras ´devoran´ la Isla

El pisoteo diario de miles de rumiantes sobre un frágil territorio ha modificado el paisaje vegetal y erosionado la superficie del suelo

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Cabras pastando libremente en una zona de la Isla.   CARLOS DE SAÁ
Cabras pastando libremente en una zona de la Isla. CARLOS DE SAÁ 

ANTONIO CABRERA La cabra está considerada un símbolo en Fuerteventura. También representa el más serio depredador del patrimonio natural, junto a la clase política, que ha permitido a través de los años el deterioro del territorio permitiendo la insostenible 'política del hormigón'.


Este animal ha jugado históricamente un papel importante en la economía del majorero, pero también ha contribuido a la transformación del paisaje por su impacto negativo en los ecosistemas provocando un alto nivel de desertificación.


Más de 50.000 cabras pastorean libremente y sin ningún tipo de control en la Isla degradando de forma irreversible el frágil territorio ante la pasividad de las instituciones, especialmente de los ayuntamientos, que tienen competencias a través de las ordenanzas municipales en la tenencia, protección de animales y registro de marcas ganaderas. También el Cabildo debe velar por la protección de los espacios protegidos, zonas donde estos mamíferos actúan con auténtica voracidad sobre muchas especies endémicas y en claro peligro de extinción.


Históricamente ha existido la cabra de costa, un modelo ganadero heredado de los primitivos majoreros donde las cabras pastorean en estado salvaje y son reunidas cada cierto tiempo en las tradicionales apañadas. Sin embargo, la cabra de costa ha pasado a ocupar ahora zonas en el interior de la Isla con el consiguiente daño a agricultores y propietarios de fincas.


Devoran todo lo que encuentran a su paso causando graves daños no sólo a la escasa agricultura, sino a especies vegetales protegidas. Un ejemplo de las acciones del ramoneo de las cabras se localiza en las plantaciones llevadas a cabo en campañas de reforestación en zonas como El Aceitunal, Morro Velosa, Pico de La Zarza o El Pinar.


Estos animales incontrolados han acabado completamente con las diferentes especies, ante la irresponsabilidad de sus propietarios y la desidia institucional, ya que los políticos están más interesados en un puñado de votos de los ganaderos que en regular una actividad letal para el futuro del territorio.


El pisoteo diario de miles de cabras sobre un frágil y débil territorio como el majorero ha modificado el paisaje vegetal. Además contribuye a incrementar la erosión posibilitando un aumento considerable de los niveles de desertificación.

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