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A. PADILLA / M. BLANCAS Si en esta edición del campeonato del mundo de windsurf y kiteboarding de Fuerteventura hubo un momento realmente épico, éste fue en la última semifinal de la penúltima jornada de slalom. El líder indiscutible de la prueba, Antoine Albeau, caía en la primera virada, siendo superado por una decena de competidores y, lo que es peor, por su inmediato seguidor, el irlandés Finian Mainard.
El campeón de la prueba estaba en el aire y el centenar de personas que veían la competición desde la playa aguantaban la respiración observando incrédulos cómo el invencible francés ponía en manos de su más directo rival la posibilidad de alcanzarlo. Llegados a este punto es cuando empieza el milagro, uno de esos momentos increíbles que se producen en el deporte y que superan al más elaborado de los guiones de Hollywood.
Albeau se levanta del agua con once competidores por delante y comienza la remontada, "uno, otro, otro más", grita en inglés un enloquecido comentarista que intuye que algo grande va a ocurrir. El francés acababa de poner el turbo adelantando a ocho competidores con una facilidad pasmosa para llegar a la siguiente boya con sólo tres velas por delante. El irlandés Mainard no aguantó la presión y cayó en la virada para ver desde el agua cómo un armario empotrado galo lo adelantaba a toda velocidad. Albeau, aclamado desde la orilla, pasó como ganador la línea de meta dando un impresionante salto.
Ayer tarde todos se fueron de la playa con la sensación de haber vivido una gesta deportiva de las que sólo son capaces los grandes campeones y que hace aún más especial la prueba mundial en Fuerteventura, que además de celebrarse en el incomparable marco de las playas de Jandía tiene la particularidad de realizar las pruebas muy cerca de la orilla para deleite del público, que se encuentra con una enorme grada natural.
Será por eso que la arena rubia de Jandía se convirtió todos los días en una enorme pasarela. Pamelas, gafas de sol de todos los colores, ropa de diseño y, sobre todo, increíbles cuerpazos que traen de cabeza a los profesionales que cubren el evento y, en determinados momentos, acaparan el protagonismo de los objetivos. Parece como si se estuviera rodando una macroproducción publicitaria de algún tipo de yogur con fibra.
Seguramente pocos eventos en el mundo ofrecen al visitante lo que el mundial de Fuerteventura. Deporte de alto nivel, naturaleza y ocio nocturno, tres elementos que a priori difícilmente pueden ir de la mano, pero que en Pájara han sabido conjugar a la perfección.
La carpa instalada en la playa se convertía en una macrodiscoteca en la que hasta 4.000 personas bailaron hasta el amanecer y entre semana se pudo disfrutar de conciertos y otras actividades. Orishas, Los salvapantallas o el grupo majorero de música cubana 5 en clave amenizaron las calurosas noches majoreras del campeonato.
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