FERNANDO BETHENCOURT
Cientos de toneladas de basura se acumulan en el paraje natural protegido de Amurga, en San Bartolomé de Tirajana. Olvidado por las administraciones, el barranco de Amurga, uno de los paisajes más agrestes y salvajes de Gran Canaria, es hoy una gran escombrera, plagado de coches abandonados, toda clase de desperdicios de obra, ruedas antiguas, hojalata oxidada y tantos cristales que casi no se distingue la tierra. El antiguo vertedero municipal de San Bartolomé de Tirajana, ante la mirada de turistas y senderistas, espera desde hace 20 años su limpieza final.
El basurero en desuso de la localidad sureña cerró en 1989 por consideraciones medioambientales, dando paso al ahora obsoleto vertedero de Juan Grande. En su momento se inició la limpieza del mismo, sin que ésta concluyera, quedando buena parte de los desperdicios no orgánicos al descubierto entre la vegetación y recorriendo varios kilómetros del cauce de un barranco que sirve de entrada a unos de los parajes más silvestres del sur grancanario.
Los senderistas aseguran que estos restos llevan décadas adornando esta zona protegida y representando un peligro tanto para los caminantes como ante una posible causa de incendio. "En ocasiones es habitual ver cómo las cabras se comen los desechos", testifican éstos.
La Concejalía de Limpieza alega que en su momento se actuó de forma correcta sobre esta zona, donde se realizó el tratamiento oportuno de enterra- miento para que los desechos no quedaran al descubierto. Ahora, después de veinte años, no se explican cómo estos residuos siguen en el barranco, por lo que responsabilizan a los vertidos clandestinos o un corrimiento de tierras de la situación actual.