ANTONIO JOSÉ FERNÁNDEZ
La progresiva pérdida de suelo cultivado en Telde ha conseguido echar el freno en los últimos 25 años. Tras el importante éxodo sufrido por la consolidación de los barrios de la costa, la creación del antiguo Polígono de Jinámar y la explosión demográfica del casco, los datos actuales apuntan a que en el municipio sólo se ha perdido, en el último cuarto de siglo, apenas un 13 por ciento del territorio dedicado a la agricultura en 1984, según la información que obra en poder de la Consejería de Agricultura del Cabildo de Gran Canaria. Cuestión aparte es la productividad de dichos suelos.
Frente a las 1.028 hectáreas que estaban a pleno rendimiento a mediados de la década de los 80, hoy día se contabilizan 912. Una superficie que equivale al espacio que ocuparían 63 parques de San Juan o 1.277 campos de fútbol exactamente iguales al rectángulo de juego del Estadio de Gran Canaria.
Esta ligera reducción -considerada pequeña dado el empuje del sector urbanístico y el abandono de las tareas del campo- obedece a múltiples factores, entre los que se encuentran el abaratamiento del precio del agua, la mejora y ampliación de los sistemas de regadío y de la calidad del líquido depurado, la construcción de más depósitos, y, en menor medida, la entrada en un nuevo ciclo de lluvias, el cambio en la forma de explotación de las fincas -tanto en el número de cosechas como en el tipo de productos que se plantan- y, últimamente, a algunos atisbos que apuntan al retorno de una pequeña parte de la antigua mano de obra que dejó la tierra por el ladrillo o el sector de la hostelería y que, por culpa de la crisis, busca ahora nuevas vías para subsistir.