A. ZABALETA
La destitución de Larry Álvarez como portavoz del Grupo Popular en el Cabildo de Gran Canaria es a la vez un escarmiento y una advertencia por parte de la dirección regional del PP. Escarmiento al que una vez fuera hombre de confianza del presidente José Manuel Soria, hoy caído en larga desgracia, y advertencia a otros que en el partido conservador puedan sentirse tentados por los cantos de sirena de la divergencia con las líneas de actuación que se marcan desde una presidencia que se siente reforzada tras el archivo del caso salmón y los resultados de las elecciones europeas.
En todo caso, el ejemplarizante correctivo a Álvarez no es el único. En el último año el organigrama del Gobierno de Canarias se ha visto afectado en al menos dos ocasiones a resultas de las trifulcas internas de los populares, que se tradujeron en un cese y en una renuncia.
En los prolegómenos del congreso insular del PP grancanario celebrado en noviembre del pasado año, surgió una corriente alternativa dispuesta a disputar la presidencia del partido en esta isla a la candidata que contaba con el velado beneplácito de la dirección regional del partido, María Australia Navarro. Encabezaba la plancha Paulino Montesdeoca, entonces director general de Patrimonio del Gobierno canario. Montesdeoca no se cansó de denunciar la diferencia de trato dispensado por el aparato del partido, que, según decía, ponía a disposición de Navarro toda su logística e infraestructura, mientras que él se las veía y deseaba para acceder a una simple lista de afiliados.
No sentó bien la osadía de Montesdeoca y los suyos, a los que la dirección del partido siguió muy de cerca los pasos, especialmente interesada en localizar, y a ser posible fotografiar, entre los críticos a Larry Álvarez. El 23 de octubre uno de los más significados de aquel grupo, Víctor Jordán, se caía de la Viceconsejería de Pesca. El afectado no dudó en ver una relación causa-efecto entre el apoyo a Montesdeoca y su fulminante cese. Así, se llegó a la elección de compromisarios insulares, en la que Montesdeoca no obtuvo suficientes apoyos para disputar la presidencia a Navarro. El afectado impugnó la elección, en la que vio irregularidades.
Mientras tanto, crecían las desconfianzas. Una reunión del sector crítico en el hotel Parque fue espiada desde el parque San Telmo. Ante estas tensión creciente, Montesdeoca decidió retirar la impugnación y, posteriormente, tras la celebración del congreso insular, renunció a su cargo en el Gobierno de Canarias, cerrando una crisis, pero dejando intactas las heridas.