ANTONIO FDEZ. / FÁTIMA MARTEL
La expansión de la serpiente real de California, que en la última década se ha hecho fuerte en el Valle de San Roque y en la zona del barrio de La Solana, ha terminado por generar la aparición de un auténtico 'mercado negro' de ofidios del que participan jóvenes y hasta niños. Pertrechados de garrafas y otros utensilios, personas venidas en grupos desde enclaves como Jinámar u otras islas -caso de Lanzarote- dedican buena parte de las tardes a recorrer los angostos parajes del Valle en busca de tan preciadas presas. Luego conservan sus trofeos o los venden a precios que oscilan entre los 20 y los 90 euros, según reconocieron ayer a este medio tanto varios vecinos del lugar como técnicos consultados al respecto. Y lo hacen porque el vacío legal existente en este campo hasta la fecha no sitúa como ilegal estas prácticas.
La Administración regional trabaja ya en un decreto que permita controlar la tenencia y comercialización de estos reptiles. En el futuro, se podrá hacer negocio sólo con algunas especies de ofidios, y también se tiene en mente la elaboración de un censo que obligue a implantar un microchip a las serpientes y a recurrir a métodos que impidan su fácil reproducción. El Cabildo y el Gobierno autónomo llevan ya dos meses y medio inmersos en la nueva campaña para controlar la propagación de la serpiente real de California, dañina para el ecosistema y todo un peligro para pequeños reptiles y aves que crían en el suelo.
Como explica Miguel Ángel Cabrera, biólogo del servicio de Biodiversidad del Ejecutivo, "además de capturarlas, ahora nos estamos esforzando en conocer más a fondo sus hábitos".