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HEMEROTECA » |
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FÁTIMA MARTEL Los niños de Lomo Magullo se ponen la talla, el chaleco y el cachorro para rememorar tiempos atrás, cuando no había tuberías y los vecinos bajaban hasta las acequias en busca de agua para llenar sus bidones. El típico gesto de salpicarse entre ellos se ha convertido en toda una fiesta. La traída del agua infantil pretende recuperar esta costumbre, cuando el agua se transportaba en baldes y botijas, y no en pistolas y en sulfatadoras, como ocurre con la fiesta grande.
A las doce se aglutinaban ayer unos 200 niños deseosos de llenar sus cubos, algunos de playa y otros de metal, como marca la tradición, en los alrededores de la plaza de Las Nieves. La banda de Gáldar Ajódar encabeza el camino hacia la acequia. El volador despega y comienza la ruta. Al son de la música los muchachos menores de diez años cogen protagonismo en esta traidita.
Los padres están muy contentos con esta primera edición, al afirmar que en la traída del agua convencional los niños no pueden estar porque no se les hace partícipes ni se tiene cuidado con ellos. En esta fiesta el camino hacia la acequia es más pequeño que el de costumbre. Por la carretera general descienden emocionados los chiquillos, ansiosos de llenar sus baldes.
A las doce y media el agua ya ha empezado a correr, pero hasta que Juan Martel, concejal de Seguridad, no explica el porqué de la tradición, los pequeños, obedientes a las órdenes de la organización, no llenan sus cubos. El fin es ir haciendo cantera para que cuando crezcan sepan mantener la tradición y celebrar la popular fiesta como es: vestidos de canarios y sin biquinis, manguitos, pistolas y demás artilugios acuáticos.
Durante una hora los más jóvenes del pueblo disfrutaron al enchumbarse de agua bajo un caluroso sol. Algunos lloran al sentir el fresquito de tanta agua encima, pero a 29 grados y cuesta arriba se agradece un margullo. Jacinto Suárez fue a su primera traída del agua cuando tenía diez años, hoy ya es padre de Aitor, un niño pillín de seis años. Él se enorgullece al ver a su benjamín participar, vestido de romero con cubo en mano y con ganas de pasarlo muy bien.
De vuelta a la plaza esperan la espuma y más agua. Ahora sí, las jóvenes sacan sus biquinis para seguir refrescándose y hacer montañas con el jabón. La risas de los pequeños y las caras de satisfacción de los padres son el reflejo de que la traidita del agua de Lomo Magullo ha sido una buena idea.
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