FÁTIMA MARTEL
Miguel Ángel Suárez es un discapacitado residente en Tenteniguada (Valsequillo) que desde hace años requiere de unos cuidados intensivos durante las 24 horas. Lolina Rodríguez no es sólo su madre, también es su enfermera y amiga. La crisis ha tocado en las puertas de esta familia para complicar la ya complicada situación. Hasta ahora los únicos ingresos sólo venían del padre de Miguel, pero este mes le han despedido. "No le han pagado la indemnización y estamos a la espera de que nos ingresen el último mes de trabajo", comenta Lolina.
Entre la pensión de Lolina y Miguel suman unos 732 euros, que tienen que cundir para pagar los recibos del agua, luz, teléfono y la comida de cinco personas. Lolina no conoce lo que son unas vacaciones desde que en 1998 su hijo cayó enfermo. Ahora no sólo tiene que luchar por ayudar a Miguel, sino también contra las instituciones para que le concedan la ayuda de la Ley de Dependencia. Ésta "le ha sido denegada por acudir a un centro de asistencia médica por las mañanas".
Lolina explica que durante los dos últimos meses la enfermedad de su hijo se ha complicado y que julio lo pasó entero ingresado en el hospital. Ella se pregunta a dónde va el dinero de Miguel cuando él no puede asistir al centro, la única ayuda que percibe.
Lolina está cansada. Aparte de padecer varias enfermedades, está totalmente entregada a su hijo mayor. "Es un niño en el cuerpo de un hombre. No puede hablar, pero sus ojos son muy expresivos, tiene la cabeza mejor que yo", declara entre lágrimas. Durante la ola de calor Miguel sufrió deshidratación, a pesar de que su madre le da de comer mediante una gastrostomía cada tres horas. Una labor muy dura que cumple con todo su amor, pero que en ocasiones le derrota.
Con sólo 732 euros, Lolina se va a convertir en toda una gestora. Con la esperanza de que su marido encuentre trabajo, espera que el tribunal reconozca los derechos de su hijo Miguel.