FERNANDO BETHENCOURT
Las principales discotecas del núcleo de ocio nocturno, que forman la Plaza de Maspalomas, Kasbah, Metro y Cita, no están dispuestas a asumir más riesgos tras los controles y detenciones de la Policía Nacional en San Bartolomé de Tirajana, en la denominada Operación Disney, y plantaron al personal de seguridad en las puertas de los locales con la orden de pedir el carné de identidad a todo aquél que rondara los 18 años de edad. Incluso se vio cómo algunos dueños preocupados por caer en una inspección sorpresa realizaban rondas de vigilancia en busca de algún menor que se hubiera colado en su negocio. Por fuera, muchos chicos y chicas de 16 años ocupaban escaleras y pasillos, sin saber dónde meterse.
El Seven o el Music Factory, habituales puntos de encuentro de los más jóvenes en la noche del Sur, no daban abasto en el control de entrada. A sus puertas se formaban colas de chicos extrañados por no poder entrar a los locales. "Aquello antes parecía una guardería", señaló el viernes un empresario de la zona, para añadir: "A estos propietarios realmente les da igual lo que les pase a los menores o al entorno porque van quemando las zonas de marcha por las que pasan, pero claro, ahora les asustan las multas y sanciones que les puedan caer".
Otros, como el Pub Benuwe o el Fantasy Island, situaron porteros y bloquearon el paso de las calles interiores del Kasbah, con la excusa de que ningún menor se colara en sus establecimientos, al tiempo que exigían el cobro de una entrada por la utilización de estos espacios públicos. En los bajos del centro comercial Cita, en cuyos pubs suelen verse bastantes menores, reinaba la tranquilidad, motivada por los continuos controles y chequeos de la Policía Nacional en los alrededores.
MENOS MENORES. "Hoy se ven muchos menos chicos que en semanas anteriores", comentaba el dueño de un pub, para explicar: "Esto está más tranquilo, se ve que o muchos les habrán prohibido la salida o estarán en alguna verbena". Aun así muchos adolescentes rondaban los exteriores de los locales en claro estado de ebriedad. "Nosotras hemos venido a pasar el fin de semana al apartamento de una amiga", comentaba un grupo de chicas de Las Palmas. "Yo no bebo, yo sólo vengo porque me gusta bailar", protestaba otro chico de 16 años.
En opinión de los propietarios de las discotecas no sospechosas, el control a los menores era una exigencia que se hacía imprescindible en esta zona al haberse convertido en una presencia habitual. "La mayoría vienen en pandilla, se emborrachan, por lo que las peleas y vomitonas en la zona se habían convertido en algo normal", señalaba uno de éstos y esperaba que esto ayude a mejorar el ambiente.