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Un día con el maestro Pancho

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Un día con el maestro Pancho
Un día con el maestro Pancho  

Sus manos manipulaban la pólvora con una precisión milimétrica. La fábrica El Secuestro, regentada por Francisco Dávila, era la encargada de los fuegos artificiales en muchas fiestas de Gran Canaria. Hoy recordamos cómo trabajaban hace dos semanas para los voladores de San Lorenzo.

DAVID MORALES Para llegar a la fábrica El Secuestro había que subir por una carretera de tierra en Teror y subir durante unos minutos bien despacio. Arriba se encontraba la fábrica de fuegos artificiales El Secuestro, en la que trabajaban Francisco Dávila -Pancho para sus amigos-, su hijo Pablo y su sobrino Francisco Jiménez, único superviviente del trágico accidente del miércoles en el taller pirotécnico. Hace dos semanas un equipo de este periódico subió a Teror con motivo de la preparación de los fuegos artificiales de San Lorenzo. En el local donde trabajaban los tres, las cajas de voladores se sucedían ordenadamente, esperando pacientes estallar en el firmamento grancanario.


Francisco Jiménez mostraba orgulloso un sistema digital adquirido por la fábrica hace dos años. "Para los fuegos artificiales utilizamos ahora un sistema electrónico, con cables de cobre y digital. Da bastante trabajo, pero es más seguro y mucho más preciso", indicaba aquel día. Mientras, Pablo Dávila, de 36 años, y su padre Pancho, de 76, manipulaban con mimo los voladores que días después estallarían en San Lorenzo.


Preguntado sobre si estaba cansado de trabajar con la pólvora, Pancho respondía sonriente: "Para nada, esto es lo que me da la vida a mí. Si cuando cumpla los 90 no puedo seguir trabajando me retiro, pero mientras seguiré". Dávila llevaba manipulando fuegos artificiales desde 1947 y, sin dejar de envarillar los voladores, relataba la dureza del trabajo hace 60 años. "Salía del Palmar de Teror e iba caminando descalzo por la ladera hasta Marzagán cargando la 'burra' con la pólvora al hombro. La fábrica que tenemos hoy no la heredé, sino que la compré en 1974 con muchísimo trabajo", recordaba de forma alegre. El esfuerzo y la constancia eran las dos principales características de Pancho, Pablo y Francisco, dedicados en cuerpo y alma a su laborioso trabajo. La tragedia de ayer significó una pérdida irremplazable para la isla, pero el recuerdo de sus obras de arte en el cielo grancanario permanecerán, seguro, en la retina de todos los isleños por su gran belleza y colorido.

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