A.R.
Roberto Suárez Cabeza es propietario de una de las casas afectadas por el incendio de 2007 en el conjunto etnográfico de Las Tederas (San Bartolomé de Tirajana), un idílico paraje de veinte viviendas en medio del barranco donde confluyen el pinar con el bosque termófilo de palmeras y el cardonal-tabaibal con pilancones (pocetas naturales) que en épocas de lluvia se llenan de agua.
Recuerda cuando tras el fuego volvió a ver cómo había quedado su hogar: "Se le saltaban a uno las lágrimas. Ver aquello que ha sido de tu familia y verlo por el piso". Con mucho esfuerzo, unos seis meses de faena, y desembolso de dinero, Roberto ha conseguido volver a levantar el inmueble, pero no de cualquier forma sino usando las técnicas tradicionales. "Tuve la suerte de conseguir a gente que trabaja la techumbre de forma artesanal y yo he echo las tillas (las maderas finas que van entre las vigas) para que quedara como antes y eso es un coste adicional".
Agradece enormemente el auxilio que le ha prestado el Cabildo de Gran Canaria con la entrega de madera de tea, pero demanda al Gobierno de Canarias su colaboración para mantener "un sitio especial y único en la isla". En sintonía con el sentir de sus vecinos, Suárez Cabeza se ha visto sólo tras el incendio y tiene muchos reproches con las administraciones. "Te prometen tantas ayudas y luego todo son formalismos. Al final nada y aquí después no llegó ni Cristo".
Ahora quiere echar el piso como se hacía antes, "con cemento y con un hilo le haces lo cuadraditos; y queda muy bonito".