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ANTONIO JOSÉ FERNÁNDEZ Medio millar de personas acompañaron en la tarde noche de ayer a la imagen del Santo Cristo de Telde en su procesión por las principales calles del casco.
Tras la liturgia presidida por el reverendo Policarpo Delgado Perdomo, la venerada pieza, considerada como la que más devotos moviliza en la isla después de la Virgen del Pino, pudo salir por el pórtico de la Basílica de San Juan e iniciar su paseo por las calles Juan Carlos I, Conde de la Vega Grande, Duende, plazoleta de Marín y Cubas, Doramas, Sabandeños, Saulo Torón y León y Castillo, sumido todo el ritual en un ambiente de recogimiento al que ayudó a aportar más solemnidad, si cabe, los firmes acordes de la Banda Municipal de Música así como la malagueña que una de las feligresas cantó desde el balcón del Ayuntamiento.
El trono, decorado con anturios y gladiolos blancos y rojos, volvió a concitar los vítores, lágrimas y aplausos de una gran marea humana de feligreses, que no quisieron dejar pasar la ocasión de ver de nuevo muy de cerca a la imagen tras la multitudinaria bajada que tuvo lugar el pasado sábado.
En esta ocasión, las obras que se vienen desarrollando en la plaza anexa al templo no fueron impedimento para el perfecto desarrollo del acto, ya que los trabajadores lograron concluir la colocación de las baldosas del pasillo habilitado hasta la calle León y Castillo a última hora del mediodía.
Aunque ayer no fue jornada festiva en Telde al caer este año los días de San Juan y San Gregorio entre semana, la afluencia de feligreses a la Basílica fue la nota predominante, y las tres eucaristías celebradas, que se desarrollaron entre las 7.30 horas de la mañana y la una del mediodía, registraron un lleno absoluto.
Muchos de los creyentes que se acercaron hasta el casco aprovecharon la ocasión para expresarle su gratitud y amor hacia la imagen, que lucía con todo su esplendor en su trono procesional emplazado a la derecha del presbiterio. Mientras, en el patio que conecta la parroquia con el templo, justo al otro extremo de la conocida como Puerta del Viento, se volvía a instalar la carpa en el que un grupo de mujeres vendía diverso material de merchandising con la imagen, en relieve, del Cristo modelado en el siglo XVI por los indios tarascos del estado de Michoacán.
Ya son cerca de cinco las décadas en las que se vienen sucediendo las subidas y bajadas de la imagen, en un gesto promovido a finales de la década de los 50 por el vicario Juan Artiles.
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