ANTONIO JOSÉ FERNÁNDEZ
Restregando bien no veas cómo te queda". Ataviada con ropa "de la de antes", Inés Medina era ayer tarde una de las entusiastas vecinas de Valle de los Nueve Alto que se habían congregado en torno a la acequia de Manrique para rememorar la vieja costumbre de escardar -limpiar o acondicionar, en términos más modernos y peluqueros- la lana. Una quincena de residentes de este núcleo crecido a caballo entre Telde y Lomo Magullo se alongó a la centenaria acequia de la Heredad del Valle para devolver al paisaje tan bucólica estampa.
Según Inés -a la que acompañaban Loli González, Concepción Galindo, Mari Carmen Benítez, Rosita Galván, Yolanda Alejandro, María José Ramírez y hasta dos hombretones, como Juan Ramón Cruz y Ricardo Hernández- la idea surgió con distintas variantes hace cinco años. "El año pasado trajimos ropa y la lavamos y este hemos cogido la lana que sobró de la trasquilada que se hizo en julio en Tecén para hacer algo distinto", relataba poco antes de cerrar el paso del agua más arriba "para empozarla en este tramo de la acequia".
El objetivo, darle un buen viaje a la materia prima "con mucha agua, un barreño y polvos de la ropa, que esto no tiene mucha más ciencia, mi hijo".
La actividad se incluye dentro del programa de fiestas elaborado con motivo de los fastos del Pilar, que aún retumban en el Valle. "No sabría decirte cuándo se construyó la acequia, pero sí es verdad que hasta los años 60 y 70 aquí venía la gente a lavar la ropa o a escardar", apuntaba la capitana de este peculiar comando lavandero. Ayer, la acequia era una infraestructura multiusos "porque el resto del año el agua que baja, que no es poca, sirve para regar el millo, las papas y los naranjeros".
Con la lana ya limpia el grupo pretendía hacer varias cosas. "Primero hay que destacar que ha venido a acompañarnos la artesana Nilia Bañares, que viene del barrio de San Francisco y va a hilarnos un poco. Y luego cogeremos también otra remesa para rellenar colchones y almohadas", anunciaba Inés en plena tarea con un olor a limpio de fondo que quitaba el sentido y que, de postre, aliñaba otra tradición ya extraviada por mor de las lavadoras: la del palique distendido en plena colada.