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DIEGO F. HERNÁNDEZ Uno es de La Isleta y el otro de Gáldar. El primero es Manolo Vieira, un hombre pegado a un chiste al que alumbraron la primavera de 1949 en aquel barrio marginal de calles empinadas. El otro es Arístides Moreno, quien asomó su inconfundible hocico por esta parte del planeta en agosto de 1972 para convertirse con los años, y al golpito, en un personaje muy particular en la fauna musical del Archipiélago. Juntos pero no revueltos, Vieira y Moreno, echaron un envite a Jorge Hernández, presidente de Yrichen, para reventar el teatro Pérez Galdós a propósito de la gala benéfica anual que esta organización celebra para recaudar fondos con los que mantener su proyecto de asistencia a la población con problemas de drogodependencia. Y lo consiguieron, porque ayer mismo, según decía un exultante Manolo Vieira, se agotaron hasta las entradas de seis euros, las baratas, donde el espectador intuye lo que ocurre en el escenario, porque lo que se dice ver, se ve poco.
Con el público de parte de la causa, estos dos artistas no disimulaban ayer una cierta excitación no sólo por sacar adelante La Noche de Yrichen, sino por compartir además escenario en las "dos horas y pico de espectáculo" que brindarán ambos mañana viernes desde las 20.30 horas. Y lo más importante, "que en este acto benéfico no cobra nadie, aunque parezca mentira porque se hacen cosas por el estilo que al final no lo son".
¿Y qué dicen el uno del otro? ¿Es tanta la química que se pregona como la que se genera en directo? Manolo Vieira lo tiene claro, y entiende este rol como una asociación de conveniencia benéfica. "Somos como medio matrimonio artístico", bromeaba el humorista con su habitual sorna. "El tipo es un gran elemento, un músico inteligente con un gran compromiso social, desde que comenzó con canciones como Horcon Boys, y al que también le gustaba lo que yo hacía". El de La Isleta, que acuñó con sus historias noveladas a personajes que se han incorporado al imaginario del canario, como su Alersis o Maruca, dice que "más que un mano a mano lo que haremos es darnos la mano", en una primera parte en la que Arístides tendrá que lidiar con el público sin más aparejo que su guitarra y el verbo suelto que siempre le acompaña para luego dar paso al figura, que vuelve a renovar su discurso para no repetirse, dice. "Mi espectáculo se llama Positivando, y lo llamo así porque ya está bien de tanto bombardeo negativo, y hablo de que cuando nacimos ya estábamos en crisis, esto no es nuevo, de la infancia, de aquellos años de estancia en la zona residencial de El Confital, de la mili, de la cultura del no..., historias para compartir con la gente aunque al salir del teatro se vuelvan a encontrar con la realidad". La mejor terapia sin duda, porque como bien subraya este isletero que cambió el servicio de cafés y copas para por el micro (y la guitarra también) "hay que reírse de uno mismo sin faltarse al respeto".
Manolo Vieira hace un alto en la conversación para hablar de la importancia de la gala de Yrichen, aunque durante la charla le confirman que "todo el pescado está vendido". Una buena noticia, sin duda. "Conocí a Jorge hace muchos años, y es un tipo grande, y además palmero, con una gran capacidad de trabajo que no para, siempre inquieto, algo que no deja de ser algo común en la sociedad porque "desde hace un par de décadas parece que el hombre que no está estresado no está feliz".
Manolo ya había estado en otras galas en Telde con un aforo de unas 500 personas como mucho, "y le decía a Jorge que el esfuerzo había que hacerlo para mucha más gente".
La simpatía es mutua. Arístides Moreno, metido en mil fregados, decía ayer mientras recomponía su maltrecho teléfono móvil que "trabajar con Manolo es un lujo y un honor, existe una buena química entre ambos, alguien que es un analista social, y yo que mismo trabajo con ese chip, y en cierta manera es un reencuentro conmigo en el futuro.
Es un regreso al que será mi futuro en compañía de un maestro". Explica que su papel en la gala del Galdós es "ser un poco Eva Nasarre para calentar al público y que luego Manolo lo remate". Será el primero en actuar, por graduación artística parece ser, y porque esa misma noche tiene un concierto en Vecindario. "Tocaré algunos temas conocidos, otros del último disco, y en un momento dado estaremos juntos en el escenario para hacer la transición, e igual metemos a Jorge el cura de por medio..."
Y para repetir la prueba, Arístides Moreno se queda con tres secuencias del imaginario socarrón de Manolo Vieira. "La verdad que sus historias parecen de película, y si tengo que elegir tres me quedo con aquella de la primera comunión, la del cuñao que no puede estarse quieto en una reunión familiar al borde una mesa camilla, y la boda con Maruca y la tremenda luna de miel en Agaete".
La risa está echada.
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