JUANJO JIMÉNEZ
Lo último es esa cesta con restos de cabrito de alguna matanza", explica Domingo Rodríguez Mederos, capataz de la cuadrilla 1 de Gesplan, quien junto con otros seis trabajadores estarán casi un mes limpiando el sustancioso palmeral que se encuentra en el cruce de Cabo Verde-Los Dragos, en Moya, y que con centenares de ejemplares es uno de los mejores 'oasis' de phoenix canariensis auténtica del norte de Gran Canaria.
El lugar, que es zaguán de entrada al municipio desde la costa, pinta como una postal de la naturaleza, pero debajo, en el fondo, entre restos de coches, se escondían cadáveres de animales, como gallinas y perros, y ciertamente algo huele a muerto desde unas de las bolsas que se han ido recogiendo estos días. El director general del Medio Natural del Gobierno de Canarias, Francisco Martín, habla incluso de avisar a Sanidad Animal para evitar males mayores por culpa de quienes se creen que aquel lugar es tanatorio para bichos.
El trabajo de la cuadrilla, a simple vista desde el borde de la carretera, apunta duro. Son toneladas de palmas, que hay que atar para sacarlas a pluma, vinagreras, cañas y restos de árboles que hay que ir limpiando casi kilo a kilo. Arriba en las copas de las palmeras anidan ratas y alguna ha caído encima de los operarios resbalando por la espalda.
Pero ya aparece el fondo, después de varios días de faena. El concejal de Medio Ambiente de Moya, Nicolás Ojeda, cree que en 25 días el palmeral de Cabo Verde, "uno de los más importantes por el número y la calidad de sus ejemplares" quede por fin en estado de revista.