ANTONIO JOSÉ FERNÁNDEZ
Jorge Hernández estaba anoche nervioso y exultante. Saltó a la tarima del teatro Pérez Galdós a las ocho y media de la noche para, sin dejar de mesarse el cabello, iniciar una divertida y cómplice presentación en la que no dejó a nadie atrás, ni siquiera a las dos estrellas de la noche. Los suyos eran decenas de sentidos agradecimientos que no hacían más que corroborar el éxito de la convocatoria. "Las chicas de la taquilla me han dicho que se han vendido todas las entradas de la zona que no tienen visibilidad. Esto es increíble", relataba el sacerdote y alma de la fundación Yrichen.
Al cariño y al altruismo que puso la ciudadanía grancanaria, con un millar de personas abarrotando el coliseo, le respondieron la profesionalidad y buenas mañas de Arístides Moreno y Manolo Vieira.
Ambos se ganaron al público haciendo lo que mejor saben hacer: cantando y contando. Y todo por una causa encomiable: recaudar fondos para ayudar a la continuidad del trabajo que Yrichen, una ONG dedicada a la atención a los drogodependientes en La Pardilla, viene ejecutando desde hace ya 20 años con grandes resultados.
Las más de dos horas de gala se hicieron cortas. La química entre ambos artistas ya era patente en los camerinos, donde intercambiaban impresiones minutos antes de que el galdense -que tenía luego un concierto en Vecindario- saltase a la tarima con su guitarra para deleite de sus incondicionales, acompañados en esta ocasión por una amplia representación de la clase política y con Paulino Rivero, José Miguel Pérez y Francisco Santiago a la cabeza (a Jerónimo Saavedra se le esperaba un poco más tarde).
Tras la emotiva presentación a tres bandas, Arístides no quiso perder el tiempo. "Nosotros somos la solución a la crisis: o cantas, o ríes... o rezas", espetó. Fue el punto de partida a un maratón de risotadas imparables. Para hoy, Alopecia galopante, Comercio con psicotrópicos... Sus temas y chascarrillos fueron metiéndose al público -que ejerció de afinado coro- en el bolsillo, con dos impagables imitaciones de Michael Jackson y Mary Sánchez. Dijo que el primero le recordaba a la segunda. El acabose. Después llegó Manolo Vieira con sus recuerdos de la infancia y de la mili, sabiamente salpicados de humor. Nunca tan pocos euros cundieron para tanto: por la velada en sí y por el destino del dinero aportado.