JUANJO JIMÉNEZ.
El hoy desaparecido pueblo de Komatsu, que se encuentra en las faldas del monte Ishizuchi, Japón, hubiera tenido ayer una ocasión de oro para hermanarse con La Aldea de San Nicolás. Una de sus hijas, una gran retroexcavadora PC-340, de más de 30 toneladas de peso y que recibe el nombre del lugar donde se fabrica, entró a las 11.15 al municipio encunada en una enorme plataforma que requirió de escolta para poder sortear las 365 curvas que separan La Aldea de Agaete.
El acontecimiento fue una suerte de Bienvenido Mr. Marshall, con voladores, fiesta, vivas a la retroexcavadora, y a Komatsu también, con la diferencia de que al revés que en la película de Berlanga, la máquina viene para quedarse, abriendo el paso a los grandes chismes que deben horadar el túnel del Furel, de más de dos kilómetros de longitud, y que salvará el macizo del Andén Verde. Se inicia así, tras décadas de reivindicaciones, el primer tramo -desde la localidad aldeana al barrio agaetense de El Risco- de la futura vía que, según su alcalde, Tomás Pérez, ha de conectar a La Aldea con el siglo XXI.
Poco antes de la llegada de la señora Komatsu al puente de La Aldea, un viejo camión municipal se paseaba por las calles equipado con altavoces. El Iveco, primer camión pregonero del que se tenga constancia, alternaba música de charanga con el anuncio de que el gigantesco tarajullo iba a arribar al pueblo, invitando a la parroquia a personarse en el zaguán aldeano para recibirlo como se merecía. Hasta allí se acercaron decenas de personas que hicieron del lunes una jornada feriada, aguardando el solajero debajo de una palmera hasta que el Mercedes que hacía de cabeza tractora alongó a lo lejos. La aparición fue similar a cuando llegan los eclipses. Un "ooooh" primero y una gran parranda después.