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JESÚS MONTESDEOCA
El Cabildo de Gran Canaria ha cerrado la campaña veraniega de prevención de incendios forestales con el balance de 55 conatos y 29 hectáreas quemadas, según adelantó ayer el consejero insular de Medio Ambiente, Juan Salvador León, quien resaltó que éste ha sido uno de los años con menos incidencias de la última década.
De hecho, el peor incendio forestal que sufrió la isla durante el pasado verano fue el que siguió a la explosión de la empresa pirotécnica de la familia Dávila en Teror, el 19 de agosto, consecuencia de un accidente laboral en el que murieron dos personas. El resto de los fuegos quedaron en simples conatos, que fueron apagados en pocas horas, a veces incluso en escasos minutos, por los helicópteros y las brigadas forestales del dispositivo contraincendios.
En total se quemaron 29 hectáreas, dos en terreno arbolado, quince en espacio desarbolado y otras doce en superficie de hierba, según explicó el consejero de Medio Ambiente, que en breve dará a conocer los datos definitivos de la campaña de verano, reforzada tras el devastador incendio que sufrió Gran Canaria en el verano de 2007.
Uno de los principales conatos se registró el 25 de julio en una ladera de la montaña de Firgas, que fue sofocado en poco más de una hora por dos helicópteros y unidades del Consorcio Insular de Emergencias. Se utilizaron 20.000 litros de agua para sofocar las llamas y ardieron dos hectáreas de pastizal y matorrales. Dos días después se quemaron tres hectáreas de matorral en las cercanías de Cazadores, en el municipio de Telde.
La última semana de julio y las primeras de agosto fueron las de mayor riesgo de incendio por el fuerte calor y el viento, lo que obligó al Cabildo grancanario a suspender la quema de rastrojos y el lanzamiento de voladores. La prohibición se mantuvo hasta el 31 de septiembre.
La Agencia Estatal de Meteorología decretó el estado de alerta naranja el 26 de julio y la amarilla el 7 de agosto, pero sólo por dos días. La primera semana de agosto, días antes de que se iniciara el incendio de la isla de La Palma, se detectaron tres conatos de fuego en las medianías.
La mayor alarma forestal se produjo tras el accidente en la fábrica pirotécnica de la villa mariana, pues la explosión provocó un incendio en los árboles cercanos y hubo que actuar con la máxima urgencia para evitar que las llamas llegaran a los ocho polvorines situados en los alrededores. También se impidió que el fuego se extendiera a la cercana Finca de Osorio y El Zumacal.
DETENIDO. La vigilancia contraincendios de los distintos cuerpos de seguridad también permitió la detención, el 17 de septiembre, de un hombre acusado de provocar cinco pequeños incendios en los meses previos. El detenido, José L. G., reconoció ante el juez haber causado esos cinco fuegos, entre San Lorenzo y Siete Puertas.
En los días de mayor riesgo se repartieron 50 efectivos de las brigadas forestales en la Cumbre, Cruz Grande (sur), Osorio (medianías) y Artenara (norte). Desde el 1 de julio hasta finales de octubre permanecieron en alerta dos helicópteros. Dos cámaras de visión normal y por infrarrojos vigilaron durante las 24 horas del día un tercio de las 90.000 hectáreas declaradas de alto riesgo. Para Juan José León, la disminución de hectáreas quemadas se debió a la decisión de ampliar la superficie a controlar, pues hasta el gran incendio de 2007 sólo se consideraban áreas forestales de alto las de los pinares de Inagua, Ojeda y Pajonales.
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