M. PINO PÉREZ
La avenida de Canarias, en Vecindario, estaba abarrotada ayer a mediodía de miles de visitantes ávidos por las tradiciones. Desde ver en primera fila trasquilar una oveja, montar a los niños en burro, dejarles que observaran a las vacas, hasta aprovechar para degustar vinos, blancos o tintos del Sureste, aceitunas con mojo, quesos, también comprar algunos de estos alimentos, así como algunos de los más elaborados objetos de artesanía. Todos estos motivos animaron ayer no sólo a los vecinos de Santa Lucía, Ingenio y Agüimes, sino a los de otros municipios de la Isla, para disfrutar de una muestra sobre ganadería, agricultura y artesanía, salpicada de calor, y de las notas de folclore de las parrandas.
La VI Feria del Sureste, que en esta edición tocó en Vecindario, pues cada año rota por un municipio de la comarca, culminó ayer, según los organizadores, con un balance inusitado: 110.000 visitantes. Durante tres días la avenida de Canarias ha sido un ir y venir por las 140 casetas, los comercios y los bares, un paseo de un kilómetro si se cumple con todo el recorrido.
Es más que conocido que los padres aprovechan una feria de ganadería para dar a su prole una clase de naturaleza o acercarlos al mundo de los abuelos. Esto le ocurrió al pequeño Carlos Smykalla. A sus tres años este vecino de San Fernando de Maspalomas veía por primera vez a un cochino negro. Pero lo que no sabían Daniel García y Alejandro Cruz, residentes en Playa del Hombre, es que en este evento iban a conocer a Pepe Guedes, pastor de 83 años, de Casa Pastores, quien, además de mostrarles como llamaba al rebaño silbando con un cuerno de oveja o cabra, les relató cómo desde muy pequeño recorría las montañas cuidando el ganado de su padre. Quedaron sorprendidos con las enseñanzas del pastor, y tras la clase alguien apuntó: "Parece que no se lo terminan de creer".
Ricardo León, comerciante de la zona, a las puertas de su negocio, abierto como todos los de la avenida de Canarias, pensaba que con la crisis acudiría menos público, pero enseguida precisó que "la gente siempre que hay algo que degustar se apunta".
En la Feria del Sureste hay ya muchos habituales. Es el caso de Carmen Viera y su hijo Manolo López, que acuden de Santa Lucía con cientos de kilos de sus aceitunas; Pino Hernández y su hijo Ángel Suárez, hilandera y tejedor, que señalan que "de la artesanía no se puede vivir"; y también la cestera Ana López, que lamenta que nadie de sus hijos quiera aprender la tradición de hacer objetos de palma.