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SUCESOS HISTÓRICOS DE LA ISLA

Muerte en Correos de Arucas

Hace 83 años que la antigua estafeta de Correos fue escenario de un crimen pasional que conmocionó al pueblo

 17:30  
Varios empleados de la oficina subalterna de Correos de ka localidad grancanaria de Arucas en 1909.
Varios empleados de la oficina subalterna de Correos de ka localidad grancanaria de Arucas en 1909. FEDAC

PEDRO SOCORRO El relato de este suceso ocupó una anodina columna en la página tres del Diario de Las Palmas del día siguiente, 25 de agosto de 1926. "Crimen que Impresiona", reza el titular de una noticia que decía lo siguiente: Anoche, a la una y media, se cometió un crimen en la ciudad de Arucas. El oficial de Correos de la estación de dicha ciudad, D. Francisco Guerrero Rodríguez, infirió a su esposa con arma blanca, tres puñaladas, intentando después suicidarse arrojándose por la azotea de su casa al patio contiguo, sufriendo la rotura de la cadera y muslo izquierdo. Las heridas que padece su esposa son tres: una muy grave en el bajo vientre. Ambos fueron conducidos al hospital de Las Palmas. Lo ocurrido obedece a que el oficial de Correos padece perturbación mental. El arma con que fue herida su esposa la recogió la Guardia civil de Arucas.

109 palabras que describen, escuetas, la tragedia que manchó de sangre la estafeta de Correos de la ciudad y dejó un profundo rastro de dolor en el pueblo, donde la pareja gozaba de gran aprecio desde que hacía algunos años desembarcaron en La Isleta, procedentes de La Línea (Cádiz).

Don Francisco Guerrero Rodríguez era un señor respetable en el pueblo de Arucas. Desde hacía un tiempo los celos le carcomían las entrañas de tal manera que apenas podía conciliar el sueño. Su joven y bella esposa, de 25 años, once años menor que él, no le daba motivos para aquel extraño comportamiento.

A las dos de la madrugada del 24 de agosto se levantó de la cama y pidió una taza de tila a su señora. Mientras se enfriaba entabló una conversación con ella en el despacho de Correos, situado en la planta baja, sacando a relucir sus celos y temores. En un momento de gran agitación cogió el cortaplumas que guardaba en la mesa y pasó por el filo de la navaja su estremecedora y alocada pasión.

Tres cuchilladas acabaron por echarle fuera las tripas y acabar con la vida de Luisa Pérez Castellví. Una vez cometida la agresión, Francisco Guerrero echó a correr hacia la azotea y se lanzó a un patio vecino, sin que su hermana Ana, que también habitaba en la casa, pudiera impedirlo. Una cojera en la pierna izquierda y 164 días hospitalizados fueron las consecuencia de su salto al vacío desde una altura de ocho metros. El juicio oral se celebró dos años después en la Audiencia de Las Palmas. La vista oral por parricidio tuvo una gran repercusión social y a ella asistieron 22 testigos, la mayoría vecinos de Arucas, y ocho médicos de la ciudad: Valle, Hernández, Bello, Escudero, Nuez, García, León y De Armas con el fin de esclarecer las circunstancias de la muerte.

Desde las primeras horas se congregó en las inmediaciones del Palacio de Justicia un público numeroso, ansioso de presenciar el juicio.

Cuando el agente judicial pronunció aquellas palabras de rigor: "¡Audiencia pública!", la sala quedó repleta en un instante. Tal era la expectación. Presidía el tribunal el magistrado Ramón Cayetano Vázquez, asistido por los jueces Rodríguez Berenguer, Cáceres y López Frías. Actuó de Fiscal el señor De la Cueva, quien en sus conclusiones provisionales pidió pena de cadena perpetua para el acusado, además de una indemnización de 10.000 pesetas para los herederos de la fallecida, cuatro hijos, todos menores de seis años.

ABSUELTO. La defensa, por su parte, representada por el abogado Juan Sintes, solicitó su absolución. Tres días después abandonaría la prisión. El Tribunal le consideró exento de responsabilidad criminal, absolviéndole, por tanto, del delito de parricidio, pues consideraba que al cometer el crimen obró en un estado de locura.

La sentencia acordó también su reclusión en un establecimiento destinado a los enfermos. No se sabe qué tratamiento siguió el procesado. Pero al poco tiempo dejó la cartería rural de Arucas y se estableció en la oficina central de Las Palmas. Dos años después lo vemos figurando como jefe interino de la Administración principal de Correos de Las Palmas. Y tuvo el honor de recibir en el páramo de Gando al primer avión postal que aterrizaba en Gran Canaria.

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