ANTONIO JOSÉ FERNÁNDEZ
La Garita y Marpequeña estaban ayer de luto. A la alegría propia por la llegada de la Navidad la sustituyó de un plumazo el llanto por una inesperada muerte, la del párroco Paco Bello, que sumió en un mar de desolación a cientos de personas. Al querido sacerdote -que en estos últimos años se había hecho más popular si cabe a raíz de su defensa acérrima de los derechos de los gays, transexuales y lesbianas y de la independencia de las Islas colgando sendas banderas en la iglesia- le hicieron este miércoles un emotivo funeral.
Cerca de 300 vecinos -con numerosos políticos de todo color mezclados entre el pueblo- y unos 70 sacerdotes de la Diócesis, con el obispo Francisco Cases a la cabeza, asistieron a una ceremonia en la que el párroco tinerfeño, que hoy será incinerado en su tierra, estuvo presente no sólo de cuerpo, sino también de voz y espíritu, pues en ella, donde sólo se respiraba dolor y sufrimiento, se pudo escuchar una reflexión sobre la vida y la muerte que el propio sacerdote dejó grabada con el Yesterday de Los Beatles de fondo.
A su término, jóvenes de los colectivos Azarug y de Nueva Canarias lanzaron vivas en su honor y reivindicando la independencia, mientras el féretro, cargado a hombros por la curia, avanzaba bajo una gran bandera con las siete estrellas verdes y un crespón negro. El Ayuntamiento le homenajeará en forma de placa, calle, plaza o escultura.