JESÚS MONTESDEOCA
Cuando Amado Sarmiento se asoma a la ventana de su casa ve enfrente el pueblo de Tejeda. Puede reconocer perfectamente a los vecinos que están al otro lado del barranco. Ahora, si quiere llegar allí, tiene que retroceder hasta Ayacata, subir hasta la cumbre y bajar otra vez por Cruz de Tejeda. En total, casi treinta kilómetros de curvas, más de media hora. Por lo pronto, ni él ni los demás afectados por el derrumbe de la carretera se atreven a pasar caminando hasta el pueblo. El poco asfalto que prácticamente cuelga del risco puede ceder en cualquier momento.
"Esto está muy peligroso, pero lo que más nos preocupa es que haya otro derrumbe y nos quedemos aquí encerrados", señala Amado Sarmiento mientras observa el profundo socavón junto a su primo Ramón Rodríguez. Ambos han bajado desde Las Casas del Lomo al ver llegar a una cuadrilla de peones, pero ya se han hecho a la idea de que pasarán meses hasta recobrar la normalidad. Su temor es que las obras de reparación se eternicen, como ocurrió en el anterior derrumbe.
Otras cinco familias viven permanentemente en las Casas de la Loma, varias de ellas con hijos en edad escolar. Son las más perjudicadas, pero no las únicas. Otras 300 viviendas de los barrios de El Roque, La Solana, El Chorrillo, El Toscón y El Carrizal de Tejeda se encuentran con el mismo problema de incomunicación por esa carretera.
Tienen una vía alternativa, la de Ayacata, pero "da mucho miedo circular por ella y no ofrece garantías si vuelve a llover", señala Luis Bolaños, ganadero y arrendatario de la fábrica Queserías de Tejeda, situada en el cruce del Roque Bentayga. No sabe qué va a ocurrir con sus más de mil cabezas de ganado si no pueden llegar los camiones con las provisiones.
"Mis animales", apunta Luis Bolaños, "comen todos los días, y si se corta la otra carretera algunos morirán de hambre". Sus temores están fundados. "Aparte de que nos queda un trayecto muy largo, tampoco hay seguridad de entrar por Ayacata porque en los próximos meses habrá más desprendimientos; son riscos y piedras sueltas que han cogido agua y desde que sople el viento se desprenderán", avisa.