JUANJO JIMÉNEZ
El cumbrero pueblo de Artenara festejó ayer, como hace desde el siglo XVII, a su patrón el apóstol San Matías, con una misa al mediodía, procesión hasta la atalaya del pueblo, pregón y almuerzo.
El también tutor de los pinares de Gran Canaria subió la cuesta que lleva al zaguán del casco con la alcaldesa de la localidad, Guacimara Medina, al frente, acompañada por, entre otros, del alcalde de La Aldea de San Nicolás, Tomás Pérez; de Teror, Juan de Dios Ramos Quintana; y la consejera de Agricultura del Gobierno de Canarias, Pilar Merino Troncoso, que fue la encargada de redactar y leer el pregoncillo de los pinares en el recién estrenado salón de actos de Artenara.
El presbítero cura párroco, Sebastián Grimón Castellano, una vez la comitiva en lo alto de Artenara con la vista en el muy verde Tamadaba, y con el patrono de pie en su trono móvil entre una hilera de anturios, costillas de Adán y dos ramones de pino, le leyó la cartilla. En resumen, Grimón Castellano le vino a dar las gracias a San Matías porque al fin y al cabo lo propio es pedirle que mande sobre los montes unos buenos viajes de lluvia, pero que por este año ya está bien y que no traiga más diluvios.
Una vez aclarado que a la cumbre le falta una gota para rebosar el vaso, Merino Troncoso también tuvo su propuesta en el pregoncillo: promover una resolución de las instituciones del Archipiélago para que la Unesco declare el pino canario como Patrimonio de la Humanidad, que por algo ya es citado por Plinio el Viejo, en el siglo I, como bien se encargó de recordar la consejera. También tuvo su momento para resaltar la labor de "quienes velan a diario por la conservación de nuestro patrimonio natural". Guardas forestales, trabajadores de Medio Ambiente, voluntarios..."
Dicho y hecho. Dos de ellos, trabajadores del Cabildo e hijos de Artenara recientemente jubilados, Antonio Medina y Ángel Díaz, fueron homenajeados con el Pino Canario de Oro 2010, por partirse las espaldas en los quiebros y degolladas.
Tampoco se olvidó Artenara de los fueguistas Dávila, tras el fallecimiento de Francisco y Pablo, a los que entregaron la Insignia de Oro a título póstumo, recogidas por la viuda de Francisco, María Luisa Sánchez, y la hija del segundo, Adriana Dávila. El cronista, José Antonio Luján, destacó la enorme contribución de los pirotécnicos de Teror a las fiestas de La Cuevita, en la que crearon con sus fuegos un referente isleño. Tras misa, procesión, responso y pregoncillo el grupo Nueva Diversión propuso una verbena sin que el público se hiciera mucho de rogar.